Jorge Isaac Bautista Lara
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Se están ocupando periódicos, radios, medios digitales  y audiovisuales con el asunto temporal, cada 5 años, de la campaña electoral. Algo que absorbe y totaliza peligrosamente la vida pública. Y en ello la presentación de candidatos, coaliciones, oposiciones, etc., centran la atención en sujetos, siglas y grupos de sujetos. Sin tener la delicadeza de mostrar un Plan ni Programa de Gobierno. Apuestan a la emotividad y sensacionalismo únicamente.

Lo que desde el punto de vista de una democracia se entendería una verdadera estafa. Y convencen  que la vida misma del país y del futuro  esté sujeta y dependiente, irremediablemente, al ejercicio una vez en cinco años del voto: “Vota por mí y serás  feliz”. Pero ¿Y nuestros jóvenes? No se ve, no se escucha nada.

Y cuando se habla de jóvenes, entendemos vidas, personas, esperanzas, proyectos, pensamientos, sentimientos, estudios, trabajo: futuro. Ver al joven como lo que es; esperanza. Vidas centrales. Si son 4 los hijos en una familia,  entiéndase, serán 4 hijos únicos, irremplazables en su esencia y sustancia; vidas y casos inéditos que nos duelen y les amamos. Cada joven como hijo único, pues no existe otro igual a él, a ellos, platicando y preguntándole a grupos de estudiantes en distintos momentos, en las universidades, sobre qué tan difícil es conseguir marihuana. Para desconsuelo la respuesta es: “fácil”. Conversando con estudiantes de secundaria de Colegios Públicos y Privados sobre el consumo de marihuana, expresan: “normal”.

En algunos colegios se consume con naturalidad; donde compañeros, profesores y autoridades prefieren no intervenir para evitar consecuencias personales. Los partidos buscan el poder, pero no están realizando propuestas de servicio público cuando lo ocupen, y esto construye la presunción fundada que una vez lo ocupen, mucho menos que lo haga. En la actualidad es un hecho evidente que existe esfuerzo de instituciones públicas, de una lucha frontal contra esta plaga, pero el contexto regional incide gravemente. Nuestra misma ubicación geográfica, mediatiza resultados. Lo que nos dice que es válido lo que se hace, pero es necesario aún mucho más esfuerzo y presupuesto.

Abriendo páginas de facebook, se ha vuelto cada vez más penetrante y viral páginas para jóvenes sobre “suicidas anónimos”. ¿Las han visto los políticos en campaña? Será necesario que se les transcriban algunas de las frases que se leen: “Eres un fracaso”, “estás sucio”; “eres una basura”, “he llegado a odiarme a mí mismo”, “perdón por haber nacido”, “tú no vales nada”, “soy una persona que no sabe para qué está”, “la solución es morir”, “¿cuándo haré algo bien?, “mátate”, “elimínate”, “no se vayan sin mis ángeles”, “quiero saltar, pero no sé si es el momento”, “quizá la vida no es para todos, no todos somos triunfadores”, “tengo que sobrevivir sin amor y sin cariño”, “soy una persona que nació sin ningún don”, “no he descubierto en mí nada que sea bueno”. . .  ¿Será que alguien tomará nota de esto, en consecuencia; realizará acción concreta? Ningún joven está a salvo de las redes. El índice en el desempleo juvenil es de mucha tristeza, y la búsqueda de trabajo exasperante al terminar una carrera y no encontrar dónde.

El reclamo  de sus padres, a veces insensibles, que han creído que el título es garantía automática de un empleo. Y las empresas privadas que ven en el desempleo una reserva manipulable para bajar salarios y humillar vidas.

Ellos están viviendo la presión de sus propias realidades económicas que exigen llevar dinero a sus hogares. Son “gritos silenciosos” de tanta juventud, tantas vidas. Entiendan que no son masas, que claman una mano para buscar amor, fe y esperanza en la búsqueda de un camino a sus vidas.

Presenten propuestas creíbles y realistas para la juventud. Con ojo y corazón dispuestos a entenderles y atenderles; pues muchos de ellos quieren superar el hambre, sentirse útiles; tienen belleza de la vitalidad e inteligencia. Y deben ser orientados, protegidos y dotados de oportunidades y medios adecuados e idóneos. Ofrezcan lo que de verdad cumplirán.

No son sus rostros, nombres de partidos o sentimientos de lastimados políticos que aspiran al poder, lo que nos interesan. Son nuestro “Divino Tesoro”: los jóvenes. Ha sido más rápido el su uso y llamado para enviarlos a las calles, que el tener presente sus necesidades.

Y las calles traerán inevitablemente violencia. Se observa hoy que los jóvenes están siendo tratados como piezas de uso y descarte. Envían hijos ajenos. ¿Por qué no envían a sus propios hijos si tan convencidos están de lo que hacen? Denle su lugar a la juventud. Estímenla y respétenla. Si no educamos y damos oportunidad a nuestros jóvenes hoy, luego será tarde.

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