Erick Aguirre
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

A finales de 1998, días después que el huracán Mitch atravesara literalmente como una tromba el istmo centroamericano, concentrando su poder de destrucción en Honduras y buena parte de Nicaragua; acompañé al escritor Franz Galich a un encuentro con escritores aficionados del municipio de Condega, donde apenas constatamos una pizca de la enorme desolación causada por las terribles inundaciones.

Franz leyó un par de cuentos inéditos, entre ellos uno muy reciente, inspirado en la tragedia que el Mitch causó en las faldas del volcán Casita, donde un descomunal desprendimiento de tierra y agua sepultó en una noche a un pueblo entero.

“La serpiente de lodo”, acordamos esa misma noche que debía titularlo, pues hablaba de una antigua serpiente que habitaba por siglos en las entrañas del volcán, y que, estremecida por la intensidad y el peso de las aguas, ocasionó la tragedia.

La lectura posterior del libro de cuentos Un ángel atrapado en el huracán (2002), del hondureño Javier Abril Espinoza, me hizo recordar ese cuento y esos días: nuestro recorrido por aquella zona donde nos parecía mentira contemplar las grandes rocas removidas de su sitio como simples canicas, y la devastación causada por tantos ríos desbordados que cambiaron de curso en las formas más insospechadas, modificando la topografía como nunca antes otra tormenta lo había hecho.

Pero en el caso de literaturas y realidades tan próximas como las de Guatemala, Honduras y Nicaragua, las asociaciones emotivas surgen primero que las valoraciones crítico-literarias. Por eso empecé a asociar la mítica serpiente emplumada de Javier, sacudiendo casas, árboles, carros, gentes, muebles, puentes, rocas, trastos y libros, con la gigantesca serpiente asturiana de Franz Galich retorciéndose majestuosamente en las entrañas del volcán Casita.

Años antes ya había asociado los terremotos de Managua con los de Guatemala o El Salvador, como realidades intra y extra-literarias de nuestras propias narrativas. Es ese el leit motiv constante que aproxima a nuestras producciones literarias. El pasado reciclándose constantemente en una literatura que ante los cíclicos cambios de escenario, no tiene más remedio que identificar en cada uno de ellos la misma realidad.

La maravilla inverosímil de un ángel que aterriza atribulado en un bote langostero, con todos sus tripulantes dormidos, y por una ingenua travesura cambia el curso de la nave y la dirige sin querer hasta el ojo de la enorme tormenta.

Horror inaceptable como el de miles de gentes anegadas en vida en sus propias casas, en sus propios ranchos, en sus propias comarcas, subidos a los árboles que después serían arrasados por el agua; víctimas de un monstruo sin cabeza y billones de brazos turbulentos llamado Mitch; envueltas sin esperanza de amparo en su espectro indecible de vientos, lluvias y tormentas eléctricas.

Mientras tanto en Florida los impotentes meteorólogos, engullendo hamburguesas, contestan con su retórica tecnicista a los llamados reiterados y lastimeros de los insomnes periodistas hondureños y nicaragüenses que gritan desde sus países con el agua hasta el cuello.

Según Galich la narrativa contemporánea hondureña ha seguido un derrotero no tanto distinto al resto de la región. El sustrato de violencia está presente en la alineación, que es producida por la violencia en cualquiera de sus tipologías.

En ese sentido, el fango de la corrupción y la injusticia social, en los cuentos de Javier, constituyen una realidad vista en su microcosmos gracias a un detonante estremecedor impuesto por la naturaleza. Y el resultado es la representación, no exenta de humor, imaginación y cierto cinismo benigno, del estado en que se encuentran nuestras sociedades.

Estos cuentos parten de hechos reales extraídos del mundo personal de gente común y corriente, con todos sus atributos provincianos y de barriada del Tercer Mundo, y junto a la tragedia del huracán aparece también la degradación de la sociedad.

Este libro demuestra que es posible experimentar eficazmente una mezcla de elementos autorreferenciales o metaficcionales con la historia y la ficción literaria, incluso con lo real maravilloso.

Incluso en esta nueva etapa en que las guerras han dado paso a un nuevo tipo de violencia, a nuevas formas de expresión (siempre literaturizables por dramáticas y dolorosas) de la secular dominación y el eterno desconsuelo de que siguen siendo víctimas las sociedades centroamericanas.

* Escritor y periodista.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus