Jorge Eduardo Arellano
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Incompleto, a pesar de su extensión, resultó el reportaje de Edgar Tijerino  dedicado a una de nuestras mayores glorias beisboleras: José Ángel "hino" Meléndez (Las Jagüitas, 8 de abril, 1908-Managua, 4 de noviembre, 1985). Sin duda, no consultó mi historia del beisbol nicaragüense, o de sus early years: 1889-1948. Allí se lee que Guillermo Uriarte II (El Káiser) considerada la hazaña más trascendente del Chino: haber ejecutado como lanzador, en junio de 1941, los cuatro triunfos del Bóer frente al Zelaya, obteniendo su equipo el campeonato nacional de beisbol amateur.

Entonces Meléndez tenía 33 años y se había destacado en La Habana durante la segunda serie mundial de beisbol amateur en 1939 y la tercera en 1940. En una: silenció a la escuadra cubana durante cinco entradas, solo para perder 4 a 3; y en la siguiente se acreditó el campeonato de picheo: propinó tres blanqueadas para imponer una nueva marca en los eventos, sin perder un solo partido. Lanzando 34.1 entradas, alcanzó un promedio de efectividad de 1.31.

La actuación juvenil del Chino en su comarca natal está ligada a dos conjuntos: Libertad y Jagüitas. El primero duró más. En las poblaciones vecinas tuvieron adversarios (El Reforma de Esquipulas y el San José, de Sabana Grande, entre otros). Con el Libertad ––a sus 14 años–– el Chino ganó 28 juegos consecutivos. Pero su debut en Managua fue el 11 de octubre de 1931, en el Fiel El Retiro y con el Boér, que capoteó al Granada 9-0. Otras dos hazañas suyas cabe referir.

Me refiero a la victoria del Boér frente al equipo General Trujillo, de la República Dominicana, una a cero; y del Nueve Fuertes (una selección) ante el poderoso Navy, de Bluefields, 9-4.

El 12 de marzo de 1947 (no en 1946, como informa Tijerino) el Chino realizó en Panamá la hazaña más memorable de su carrera: haber lanzado a un equipo de las Grandes Ligas: los Dodgers. Él lucía el uniforme del conjunto profesional panameño Cervecería Nacional. Hasta el sexto inning concluido, los Dodgers no le habían conectado hit. Al final le dieron siete y anotaron ocho carreras, solo tres de ellas limpias. En 1948 pasó al San Luis Potosí y luego a Los Indios, de Ciudad Juárez, dentro de la liga profesional de México; y su última experiencia en el Beisbol Organizado la tuvo con los Texans, de El Paso, Texas, de 1951 a 1955. Durante una de sus temporadas en la liga fronteriza en México / EE.UU., lanzó un juego sin hit ni carreras; para recompensarle esta hazaña, sus compañeros del Texans le obsequiaron una consola.

A sus 48 años, durante la primera temporada de la Liga Profesional de Nicaragua en 1956, el Chino lanzó con el Boér, ganando seis juegos y perdiendo uno. Según Julio Aguilar Bustamante, por juegos ganados y perdidos, el Chino fue subcampeón pícher, precedido por el venezolano Elio Antonio Suárez, del Cinco Estrellas, con 8-1. En carreras limpias marcó un porcentaje de 2.91 y superó a todos los lanzadores de su equipo, entre ellos al cubano David Jiménez. En un total de 55 y dos tercios de innings, se le enfrentó a  217 bateadores, permitiendo únicamente dos jonrones.
Registro de estos datos, casi todos ausentes en el reportaje de nuestro más notable cronista deportivo, para completarlo y contribuir a un mejor conocimiento de uno de los íconos del beisbol nicaragüense en la primera mitad del siglo XX. Al respecto, he aquí los equipos en los cuales jugaría el Chino desde los primeros años treinta hasta finales de los cuarenta: el Boér y unos meses con el Nicaragua (1931-34); en seguida con el Esfinge, de Granada acompañándole en su gira a El Salvador y Guatemala (vistiendo esa franela oriental capoteó al Boér 17-0). Luego integró el General Somoza (1935-37) y el Carazo (1940), retornó al Boér (1941-42), formó parte de otro Nicaragua  en Golfito, Costa Rica (1942-43) y del Olimpia en Tegucigalpa, Honduras (1944).

A continuación jugó con el Cassino (1945) y de nuevo con el Boér (1946-47).

En 2007 Agustín Castro me confesó en Masaya: “Nadie ha superado al Chino. Ningún otro lanzador ha sorprendido a tantos corredores en las bases. Cubría más terreno que ningún otro y era magnífico bateador y corredor. Además, su conducta era ejemplar. Nunca probó licor ni tabaco”. Ingresó al Salón de la Fama del Deporte Nicaragüense el 2 de agosto de 1994.

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