Gustavo-Adolfo Vargas *
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Tras conocerse los resultados en los que la opción del llamado brexit se impuso sobre la de la permanencia en el bloque europeo, el tema se ha vuelto más relevante que nunca.

El alto grado de irresponsabilidad impulsó al primer ministro David Cameron hacia un rumbo que lleva al mayor desastre de su país en medio siglo, ocasionando grandes daños no solamente a la Unión Europea (UE), sino a todo el entorno atlántico. Cameron se arriesgó con esa operación con el fin de lograr su control total para su partido en los años venideros.

La campaña para irse se basó en el miedo a una invasión masiva de turcos, derivada de la posible incorporación de su país a la UE, una falsedad total, y en que Gran Bretaña le pagaba al bloque unos 50 millones de libras al día, otra mentira.

Las razones del brexit fueron las de la ola xenófoba, nacionalista y populista que se propaga por Europa. Su campaña contó con esos tres elementos, más un cuarto: la revuelta de la población contra sus élites. Según los analistas los argumentos racionales ya no son importantes, lo que cuenta es el miedo.

El próximo año hay elecciones en Alemania y en Francia. En esta última, Marine Le Pen encabeza el mayor partido de su país, el Frente Nacional, y será difícil mantenerla alejada del poder. En el primer caso se verá el crecimiento de la derechista y populista Alternativa para Alemania (AfD), que basa su intención de irse de Europa en la reapropiación de la identidad alemana y de su soberanía.

En las opiniones que señalan que la globalización no cumplió su promesa, está: la riqueza para todos, creando una espantosa desigualdad social, haciendo que pocas personas concentren gran parte de la riqueza nacional y muchas más queden al margen.

Durante la campaña para el referendo británico, el hecho de que los banqueros apoyaran a quienes querían quedarse en la UE tuvo efecto contrario sobre el 27% de los ciudadanos que no llegan a fin de mes y que ven cómo banqueros y gerentes de empresas ganan millones de libra al año.

El Fondo Monetario Internacional ha publicado estudios sobre cómo la desigualdad social es un obstáculo para el crecimiento y sobre la importancia de invertir en políticas de bienestar que apunten a la inclusión y a la igualdad.

Hay que hacer un alto para reflexionar que esas mismas críticas le hacen a la Organización de las Naciones Unidas, que realizan lo que sus miembros les permiten hacer.

La UE es una organización supranacional, pero todo su poder político está en manos del Consejo de Ministros, donde los gobiernos se sientan a tomar decisiones; la Comisión Europea queda a cargo de implementarlas.

La Unión está desintegrada, y la mayor parte de la responsabilidad recae sobre Alemania quien ha impedido la creación de medidas económicas y bienestar europeo, debiendo decidir si germaniza a Europa o vuelve a europeizar a su país.

Las próximas elecciones serán difíciles para el actual Gobierno alemán. Los pronósticos indican que la AfD obtendrá una gran cantidad de votos y los dos partidos tradicionales, el Partido Socialdemócrata (PSD) y la Unión Demócrata Cristiana (CDU), están muy preocupados.

Todo comenzó cuando Margaret Thatcher le impuso a la UE los métodos y el discurso único neoliberal, secuestrando a la democracia por los intereses de las finanzas disfrazadas de inversión y creación de empleo. Los que rechazan la UE no están contra la unidad de los pueblos europeos, sino contra el dominio sin contrapeso de los mercados financieros.

Por primera vez Reino Unido y la Unión Europea, atraviesan por una situación como esta. Después de 43 años del ingreso del país en la Comunidad Económica Europea, la vida de los británicos puede cambiar profundamente a partir de esos resultados.

* Diplomático, Jurista y Politólogo.

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