Erick Aguirre
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El crítico literario estadounidense Harold Bloom ganó mucha notoriedad debido a sus declaraciones polémicas sobre la literatura. En el ambiente literario anglosajón es conocido por sus furiosas críticas contra autores de best-sellers como Stephen King o J.K. Rowling. Un pequeño texto contra Harry 

Potter, titulado ¿Pueden equivocarse 35 millones de compradores de libros? Sí; todavía genera controversia.

En el ámbito académico es conocido por sus interpretaciones sobre Shakespeare,  pero sobre todo por sus ataques a las críticas literarias feministas y a las interpretaciones lingüísticas, psicoanalíticas y políticas de los textos literarios. Frente a estas propuestas dominantes en la academia, que él ha llamado “Escuela del Resentimiento”, Bloom defiende lo que llama el Canon Occidental: obras que la tradición ha consagrado como las mejores por su calidad estética.

Sus detractores lo consideran conservador, retrógrado y elitista. Pero su defensa de las obras de la tradición está cimentada en una lectura cuidadosa y un conocimiento profundo del fenómeno literario. Más allá de su reivindicación del Canon literario, vale la pena leer con detenimiento sus propuestas sobre cómo comprender la literatura y sus mecanismos internos.

En La ansiedad de la influencia (1973), parte de que la escritura literaria es ante todo un acto de lectura. “Los escritores, aun cuando aparentemente expresan percepciones de la realidad o experiencias vitales, están haciendo una referencia velada a textos literarios anteriores”, afirma.

En El canon occidental (1994), estudia a 26 escritores con el objetivo de aislar las cualidades que los convierten en canónicos. Inicia con Shakespeare, a quien considera la figura central del canon occidental. En adelante, su estudio de Shakespeare gira en relación con quienes lo influenciaron, con quienes influyó, y con quienes intentaron rechazarlo.

En Cómo leer y por qué (2001), esboza los principios de una forma de leer que vaya a contracorriente de las tendencias aún dominantes en la academia (feminismo, neohistoricismo, culturalismo, etc.). No se trata solamente de responder al cómo sino también al porqué de la lectura. 

Bloom no elude la difícil y decisiva cuestión del valor literario, que para él está asociado al valor de lo útil. “En el fondo, y en la forma, lo que cuenta es la capacidad de revelación de una obra; la intensidad con que ilumina y hace inteligibles diferentes parcelas de nuestra experiencia y de nuestra relación con los otros y con nosotros mismos”.

Las respuestas al por qué de la lectura en este libro son más numerosas y diversas. Todas apuntan al principio del placer, pero en esencia no postulan una estética hedonista. Leer es, ciertamente, un goce, pero un tipo de goce que debe persuadir al lector "de abandonar los placeres fáciles por otros más difíciles". Bloom hace una defensa del placer de la lectura, no solo ante lo que llama “escuela del resentimiento”, sino también ante la ideología de la industria del entretenimiento. 

Desde que publicara La ansiedad de la influencia, este concepto se ha convertido en la verdadera obsesión del trabajo de Bloom. Ampliando y revisando su anterior análisis para nuevas generaciones de lectores, Bloom publicó después Anatomía de la influencia (2011), donde ofrece una más amplia argumentación acerca de sus formas de comprensión y apreciación de la literatura. “Lo que significa un poema, por qué importa y si merece o no su inclusión en el canon de la literatura son preguntas que solo pueden contestarse investigando cómo ese poema superó, o no, a sus rivales”.

Bloom antepone desde un comienzo el valor de la lectura, como acto individual y solitario, a cualquiera de sus funciones sociales. Reivindica el placer egoísta de leer para uno mismo, libres de condicionamientos seudo-intelectuales, como el mejor medio de acrecentar nuestro tesoro personal.

“La crítica literaria –afirma–, tal como yo pretendo practicarla, es en primer lugar literaria, es decir, personal, apasionada. No es filosofía, política ni religión institucionalizada. Se trata de un tipo de literatura sapiencial y, por tanto, de una meditación sobre la vida”. 

Según su argumento, practicar la crítica propiamente dicha consiste en reflexionar poéticamente acerca del pensamiento poético. “El esplendor y el peligro del lenguaje poderosamente figurativo es que nunca podemos estar seguros de cómo restringir sus posibles significados o sus efectos en nosotros”.

* Escritor y periodista.

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