Lesli Nicaragua
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

¡Hey, Moro, te vencimos! La paz en Colombia dejó de ser una utopía con el gesto más noble y sencillo: el apretón de manos entre el presidente Juan Manuel Santos y el máximo jefe de las FARC, Rodrigo Londoño, alias Timochenko,  observado con amenidad por los garantes del acuerdo que pone fin a 52 años de guerra civil en una de las naciones más ricas y bellas del continente.

Lo que comenzó –entre 1950-1960, la época de “La violencia”- como una sublevación armada entre el campesinado y el Gobierno por la exclusión territorial y el latifundismo de los grupos de poder, devino en una más que cruenta guerra que se cobró la vida de 260 mil colombianos, sin contar los millones de desplazados y los miles de desaparecidos.

Pedro Marín, Manuel Marulanda, alias Tirofijo, el fundador y líder supremo de las FARC, cuenta, en una entrevista para la televisión, realizada hace ya más de 20 años, que se levantó en armas una vez que su padre y su familia fueron despojados de sus tierras. “Mi padre, mi abuelo, mis tíos, ellos tenían tierras, eran agricultores. Estaba yo en la edad escolar”, recuerda Tirofijo, ya entrado en años, grueso de carnes y con la serenidad que solo da la montaña. El verdor de fondo resalta su camisa  y su piel claras. “Para entonces, de todo culpaban a los comunistas de lo que ocurría”, destaca.

Pero más que la ira popular, rural, Camilo Azcarate, un colombiano experto en resolución de conflictos y negociaciones que trabaja para el Banco Mundial, determina, con la exactitud del análisis, que “la causa más profunda (de conflicto) yace en que grupos completos de la sociedad colombiana, en todos los niveles y espectro político, han visto amenazadas o negadas necesidades básicas (como la seguridad o la inclusión) y han tratado de satisfacer esas necesidades usando métodos que amenazan las necesidades de otros. Cuando eso ocurre, se cae en una verdadera trampa colectiva de la cual todo el mundo termina siendo víctima”.

Y continúa Azcarate: “Hemos estado identificando el conflicto colombiano de una manera errónea, que la guerra está asociada con la pobreza o con el narcotráfico. Lo cierto es que no hay correlación entre pobreza y violencia. La gente realmente pobre no tiene plata para hacer la guerra que hacemos los colombianos. El narcotráfico le ha permitido a las partes financiar el escalamiento de la guerra en las últimas décadas. Pero el conflicto colombiano existía ya, con altos niveles de crueldad, mucho antes de que el narcotráfico entrara a la escena. En los 60 se usaba como explicación del conflicto Colombiano la guerra fría y antes de eso el famoso partidismo”.

Aunque el estudio que realiza el experto no logra explicar la extensión temporal de la guerra civil, cuando ya no había solución de continuidad. La enorme violencia, cada vez más exultante, nunca de cuenta a gotas, sino recrudecida. Hasta que las dos partes decidieron, con el apoyo incondicional de Cuba –siempre dispuesta a terciar para el bien común-, acabar con esta guerra sin sentido –disculpen la redundancia-. Aunque lo raro, es que todos los demás países mostraron su beneplácito, excepto algunos sectores de derecha colombiana, que no ven con agrado que su país diga adiós a las armas.

 

*Periodista y escritor.
leslinicaragua@yahoo.com

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus