Msc. Vilma Báez Valdez*
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No es la primera vez que realiza un referéndo para decidir su permanencia en la UE. No es la primera vez que condiciona su permanencia en la UE, este comportamiento ha sido una constante histórica. Con la entrada en vigor los Tratos de París y Roma en 1951 y 1957, que crearon la CECA y la CEE. El Reino Unido se negó a pertenecer a este esfuerzo de integración europea, en una clara contradicción con la proclama que realizó Winston Churchill en su discurso pronunciado en Zúrich en 1946, en el que propuso la creación de los Estados Unidos de Europa, pero cuando este proceso se concretó el mismo Churchill en su segundo mandato como Primer Ministro, optó por quedarse al margen de estos tratados. Más adelante el Gobierno inglés propuso a los seis países de la CEE crear una zona europea de libre comercio, (la que ya existía con la CEE), a la cual pertenecería, pero sin renunciar a su soberanía, al abolengo de su corona, a su moneda la Libra Esterlina; ya que creía en su potencial económico y comercial, y consideraba que los efectos de la Segunda Guerra Mundial no la habían afectado tanto, además que se creía con mucho poder ya que mantenía el dominio sobre sus colonias. Pero esta propuesta fracasó ante la posición firme de los seis países fundadores de la CEE.

Pocos años tardó el RU en darse cuenta del error de no haberse adherido a este proceso, ya que esta unión estaba teniendo grandes éxitos políticos y económicos. Por lo que el Gobierno británico consideró su actitud de rechazo ya que tenía que mantener su influencia política y su liderazgo en el Commonwealth y no podía estar al margen del proceso de integración europea.

Es así como en agosto de 1961 el RU solicitó por primera vez ingresar a la CEE como miembro con plenos derechos. Hecho que provocó que Dinamarca, Noruega e Irlanda la imitaran. Pero esta solicitud de adhesión se vio obstaculizada dos veces, en 1961 y 1967, por el Presidente francés Charles De Gaulle, quien sentía desconfianza de los ingleses. No fue hasta después que dimitió Gaulle en 1969, que se planteó en una Conferencia de Jefes de Estado celebrada en la Haya, su ingreso, el que se concretó en 1972 mediante la ratificación por el parlamento inglés del Tratado de Adhesión en 1973. Con esta oportunidad la economía británica tuvo un relanzamiento sin igual.

Años más tarde  los laboristas cuestionaron la permanencia del RU en la CEE y propusieron en 1975 un referéndo, donde en esa ocasión ganó el SI. Después toda la década de los ochenta fue de debilitamiento de las relaciones entre la CEE y el RU. En 1992 con la firma del Tratado de Maastricht, por el cual se crea la Unión Europea, una vez más el RU se muestra inconforme y no estuvo dispuesta a cambiar su moneda por el euro, ni a perder el control de sus fronteras, ni sus políticas sociales, su libertad, seguridad y su justicia, por lo que optó quedar al margen de las políticas comunes de la UE. Ahora con el Acuerdo de Bruselas que propone Camerún, se muestra una clara tendencia antieuropeísta, ya que entre los asuntos que condiciona su permanencia en la EU, van en detrimento de los ciudadanos europeos, al condicionarles sus beneficios sociales, que se reconozcan otras monedas en la UE, que no existe la obligación de colaboración de los Estados más ricos de ayudar a los más pobres en alcanzar una estabilidad económica para mantenerse en la UE. Al final lo que se persigue es frenar el avance del proceso de UE y que este no concluya hacia el Federalismo. Ojalá que nuevamente se vea esa firmeza que demostraron los seis Estados de la CEE ahora con los Estados de la UE para que no se sometan a la inaceptable propuesta que hace Inglaterra. Pero en aras de conciliar las cosas puede haber una segunda salida política.

Docente en Integración Regional.

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