Carlos Andrés Pastrán Morales
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La vida es tan complicada y compleja, que a veces puede que lleguemos a pensar que no hay cosas bonitas, o no tenemos a nadie con nosotros, que viviremos solos siempre y nos paguemos solo a ciertas pocas cosas.

En otros casos, somos totalmente lo contrario, nos abrimos firmemente a los demás, como si fueran amigos del alma, salimos, invitamos, nos divertimos. El problema está cuando los problemas nos acechan. Mientras somos cerrados, obtenemos más ayuda de lo que pensamos.

En cambio, si somos más abiertos, nuestros supuestos amigos desaparecen misteriosamente.

Entonces, con esta metáfora, quiero escribir un poco sobre cómo son de fáciles y complicadas las cosas a la vez. Digamos que somos un fósforo. Nos encendemos. Pero cuando estamos más expuestos al aire, a la adversidad, a los factores que hay a nuestro alrededor, nos apagamos en un instante o duramos solo unos segundos. Cuando estamos menos expuestos a todos estos elementos, somos todo lo contrario, ponemos una mano alrededor del fósforo encendido y dura relativamente más.

Con esto quiero decir que en ocasiones que actuamos de forma más escandalosa, refiriéndome a las ocurrencias actuales, más amistosos, más extrovertidos, salimos más, más confianza con las personas que creemos nuestros amigos, los invitamos, tenemos un mal concepto de libertad, entonces, así, en toda esa bola de amistades y libertinaje, nos pasa lo peor.

Nuestros “amigos” que invitábamos y salíamos a tomar se van y nos dejan solos, nuestro único apoyo es la familia. Tenemos que buscar debajo de las piedras para resolver nuestros conflictos.

La vida conspira hacia nosotros, y si no somos fuertes y no aguantamos los factores de la adversidad, nos apagamos.

Es totalmente distinto si vivimos del sinónimo de lo anterior. O sea, personas más serias, con pocos amigos, pero de los buenos que no te dejan solo. Pensar y razonar las cosas antes de actuar. No inclinarse demasiado por los vicios o por las distracciones que hay fuera de nuestra casa. Ser más objetivos con nuestros pensamientos y con lo que queremos lograr. Tomarse las cosas en serio.

Entonces así, cuando se está preparado para las cosas que existen alrededor de nosotros, es cuando aguantamos los factores y podemos seguir adelante, ser quienes somos, ser exitosos y cumplir esas metas que nos habíamos planteado. En otras palabras, ponemos una mano alrededor del fósforo y así no nos apagamos de enseguida.

En la vida hay buenas y malas decisiones, actuaciones, reacciones, discusiones, de todo. Por lo que siempre debemos de estar preparados para todo. Porque así se ha venido llevando la vida del humano, es lo que me parece a esta edad.

Nacer, crecer, vivir, estudiar, trabajar, tener hijos y morir. Ese es el propósito de la vida. Pero mientras estemos vivos, podemos hacer cosas inhumanas o cosas que nosotros no nos creemos capaces, pero que con total esfuerzo podemos lograr.

Ahí entran los inconvenientes, tenemos que ser fuertes ante todo. No dejarnos llevar por las distracciones que nosotros mismos los humanos hemos creado. Así es la vida. Cargamos en un saco nuestro pasado, quienes fuimos y qué hicimos.

Pero mientras sigamos caminando con nuestro saco, que el muro de enfrente cada vez se haga más pequeño para que de esta forma veamos más claramente nuestro futuro, ya que somos los únicos que nos lo vamos a crear.

Así pues digo que hay que poner la mano en el fósforo, aunque nos quememos, pero es mejor que no nos apaguemos tan pronto.

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