Adolfo Miranda Sáenz
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En 1990 la Unión Nacional Opositora, UNO, le ganó las elecciones al Frente Sandinista gracias a dos factores: 1) El temor a continuar la guerra y el servicio militar obligatorio. 2) La unión de 14 partidos opositores: Partido Liberal Constitucionalista, Partido Liberal Independiente, Partido Neoliberal, Alianza Popular Conservadora, Acción Nacional Conservadora, Partido Nacional Conservador, Movimiento Democrático Nicaragüense, Partido Integracionista de América Central, Partido de Acción Nacional, Partido Democrático de Confianza Nacional, Partido Popular Social Cristiano, Partido Social Demócrata, Partido Socialista Nicaragüense y Partido Comunista de Nicaragua.

Ninguno tenía muchos simpatizantes y su candidata, doña Violeta Chamorro, no entusiasmaba. Pero ganaron. La mayoría de los votantes por la UNO no votaron a favor de alguien, sino en contra del FSLN. Incluso algunos sandinistas votaron por la UNO contra el servicio militar obligatorio. Todo eso fue posible porque los opositores -desde la derecha conservadora hasta la izquierda comunista- se unieron dejando atrás sus diferencias. Se tenían mucha desconfianza; algunos fueron aliados de los sandinistas y otros fueron financiados por la administración Reagan. Tenían contradicciones y rivalidades. Unos atacaban el pasado de otros con acusaciones de vendepatria, colaboracionistas, zancudos, etc. Pero se produjo una especie de “perdón y olvido” para poder unirse. 

Después del gobierno de la UNO ganó el Partido Liberal Constitucionalista, PLC. Desde el triunfo de la revolución en 1979 ningún partido más que el FSLN había tenido la capacidad política, la organización y las simpatías logradas por el PLC. Aunque algunos siguieron votando solo en contra del FSLN, millares lo hicieron también por simpatía hacia el PLC que ganó dos elecciones presidenciales y de diputados, más varias elecciones municipales y también regionales de la Costa Caribe. El PLC era el partido más fuerte de Nicaragua y el FSLN pasó a ser segundo.

Por la razón en que no nos ponemos de acuerdo y que yo sostengo que fue la división, el PLC fue desplazado del gobierno por el FSLN. Hoy la división de la oposición es mayor que la de 1990. Las acusaciones y descalificaciones son feroces. Y lo más trágico es que la falta de unidad está haciendo desaparecer nuestro sistema de partidos al minimizarse tanto los partidos opositores; escenario que no conviene al país, ni siquiera al gobierno. Según tres encuestadoras serias ningún partido opositor ha obtenido durante los últimos dos años más del 6% de simpatizantes que obtuvo el PLC, seguido del PLI con 3% y después varios partidos que no llegan siquiera al 1%. En intención de voto el PLC y el PLI (de Montealegre) marcan un empate del 5.6% c/u. El FSLN, en cambio, tiene 65% de intención de voto y Daniel Ortega tiene 81.7% de opinión favorable. 

La oposición tiene dos caminos: 1) La abstención, apostando por la violencia. Abstenerse es un inmenso error universalmente comprobado y el 99% de los opositores no quiere ni cree en una violencia que resultaría un fracaso por falta de apoyo popular. El gobierno tiene a la mayoría respaldándolo, punteando Daniel Ortega 81.7%  de “agrado”. Negarlo sería tontería o ingenuidad. 2) La lucha cívica. Que solo puede darse participando en las elecciones, se tenga o no confianza en ellas. Para poder reclamar hay que participar. El grupo de Montealegre se niega a concurrir en otra casilla que no sea la que ya no tiene, del PLI. Por las razones que fuesen, la realidad es que no se ven opciones opositoras electorales con alguna fortaleza mínima, más que el PLC que tiene excelente organización, experiencia y casilla sólida. Si en 1990 todos los opositores se unieron olvidando el pasado para ver hacia el futuro, es hora de hacer lo mismo. Es necesario que todos los opositores apoyen al PLC. 

Abogado, periodista y escritor
www.adolfomirandasaenz.blogspot.com

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