Gustavo-Adolfo Vargas *
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Ronald Reagan y Margaret Thatcher iniciaron un proyecto global a mediados de los 80, con el fin de internacionalizar la economía, abriendo nuevas oportunidades de mercados a las grandes corporaciones multinacionales.

Desarrollaron una gama de estrategias, encaminados a eliminar los obstáculos a esa renovada expansión de la economía y del comercio, también se dedicaron durante sus administraciones a excluir todo impedimento para alcanzar dichos objetivos en los capos: laboral, jurídico, político, diplomático y educativo; prácticamente en todas las áreas.

Esto dio pase a muchos de los programas de cooperación económica bilateral y multilateral, rompiendo las barreras del comercio, expandiendo la producción a niveles tecnológicos y de mercadotecnia, logrando establecerse como nunca antes lo habían logrado, penetrando así en lugares y regiones impensables.

De ello surgió el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan), entre Canadá, Estados Unidos y México, y el Acuerdo para Unificar a la Comunidad Económica de Europa; y aunque el Tlcan incrementó los volúmenes de comercio entre los tres países, los beneficiarios principales fueron las compañías con más alta tecnología, recursos financieros y administrativos.

Esto les llevó a descuidar muchos sectores de la actividad económica, principalmente la agricultura, ganadería, pesca, la industria de manufactura y otras de transformación que no podían competir.

Después de casi 22 años de haber iniciado ese proyecto global, se puede comprobar el costo del abandono, hay fuerte crecimiento de desigualdades, lo que ha provocado la Gran Recesión, extendiéndose como resultado de la aplicación de las políticas públicas, también conocidas como políticas neoliberales.

Nunca se evaluó el hecho del crecimiento comercial logrado con una gran carga social. Los políticos y gobernantes no se preocupan, actúan con indiferencia ante el costo de promoción en las actividades industrial y comercial de países menos desarrollados.

Actualmente están extendiendo la segunda etapa del tratado comercial, en un proyecto diferente llamado Acuerdo Transpacífico de Cooperación (ATP), donde 12 países que representan a más de 40% del comercio mundial y forman un mercado de 800 millones de personas; buscan una mayor integración, frenando la expansión comercial de países asiáticos, siendo sus principales actores China, Japón y Corea, para mantener actualizada la globalización y la división internacional de los mercados, los productos entre los países del primer mundo, las naciones subdesarrolladas y las que están en proceso de desarrollo.

La consolidación y renovación de las estrategias económicas del ATP marchaban bien, hasta que se desató la crisis financiera, dando pase a posibles consecuencias inesperadas en la globalización; lo que los estrategas menospreciaron son las secuelas que incrementan en muchos países el desempleo, la desigualdad y la pobreza.

Eso causó la reducción de la capacidad adquisitiva de la población, que eleva el endeudamiento de las familias trabajadoras, de las medianas y pequeñas empresas, con el consecuente incremento de la banca, que invirtió en actividades especulativas y que ha consumido recursos que podrían haberse aplicado a fines más productivos necesarios que han dominado el comportamiento del sector financiero.

La revista The Economist, escribió: “La integración de la economía mundial se halla en practico retroceso por doquiera”. En este mundo globalizado, las élites son las que más se han beneficiado. Actualmente se fortalece el nacionalismo para sustituir a la globalización en posiciones extremas y radicales.

Según la opinión de algunos analistas, las redes reducen progresivamente el poder del sistema tradicional de información; se necesita una política que se aventure a tratar y afrontar los temas tabús. La ausencia de una identidad común entre los países y sus habitantes durante los conflictos, llevará al ajuste mundial y a la desglobalización de la comunidad internacional.

* Diplomático, Jurista y Politólogo.

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