Augusto Zamora R.*
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La muerte, a manos de policías, de dos ciudadanos negros y el asesinato posterior de cinco policías blancos, a manos de un exmilitar negro obligan a recordar nuevamente, la violencia instalada en la sociedad estadounidense.

Hay países que, por poderosos y ricos que sean, han sido incapaces de resolver viejas heridas, como ocurre en EE.UU. con el racismo, instalado como pústula en sus entrañas.

No obstante, el problema es más hondo y hunde sus raíces en la historia del país y en valores que, desde la infancia, inyectan la violencia como hecho natural y cotidiano.

Ejemplo de ello son populares dibujos animados, saturados de violencia e incluso, de perversa crueldad. Tom y Jerry, el Correcaminos, Piolín y Silvestre rezuman sadismo. Trampas, bombas, machetes, cañones, misiles llenan el imaginario infantil, creando sociedades psicopáticas armadas hasta los dientes contra los ‘otros’.

Entre 2001 y 2011, los muertos por armas de fuego en EE.UU.dejaron cuarenta veces más muertos que los habidos en ataques terroristas. En lo que lleva 2016, la policía ha matado a 566 personas: 3.53 personas por día. En 2015, fueron 1,146.

No debe extrañar, por tanto, que esa visión violenta de la sociedad sea trasladada a la visión que las clases dirigentes tienen del mundo, donde EE.UU. intenta resolver todo o casi todo a punta de cañonazos (o drones: 116 civiles muertos, según EE.UU.).

Así militarizan Europa, amenazan a China. El mundo como prolongación del Far West.

 

az.sinveniracuento@gmail.com

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