Carlos Andrés Pastrán Morales
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Las horas pasan, el día termina, el estrés llega a su fin o a su inicio. Caminamos, pagamos taxi o abordamos la ruta del transporte colectivo para regresar a nuestros hogares. El cielo gris nos dice a veces que será una buena noche de lluvia, o un cielo azulado de siempre nos cuenta que está despejado y tenemos que encender nuestro abanico.

Llegamos a casa, hacemos deberes restantes. El sol se oculta y sale la luna. Luna hermosa que no podemos dejar de ver ni de admirar, más los días finales del mes, los 24 específicamente. Pero a veces nos pasa que por más deseos que tengamos de descansar, no podemos y nos quedamos despiertos horas y horas tratando de dormir y pensar en todo, y ese es el objetivo del tema, la noche.

El justo momento que a todos nos pasa. El momento en donde damos mil vueltas en la cama para tratar dormir, mientras miles de recuerdos inundan nuestra cabeza, problemas y situaciones que nos complican y nos hacen sentir mal, pensamientos que no queremos pero que siempre pensamos y que son una puñalada en la espalda.

Todo esto junto, mientras reflexionamos, nos preocupamos, lloramos, negociamos con nosotros mismos, planeamos, para que la mañana siguiente, muchas de las cosas por la cual nos preocupábamos en la noche, nos de igual y no las tomemos en serio.

Ese momento especial en donde estamos conversando con nosotros mismos. Tenemos la soledad absoluta para pensar en quiénes somos, qué estamos haciendo, qué hicimos, qué haremos, qué tenemos que olvidar y qué cosas no, cómo haremos para resolver los problemas y las preocupaciones. Mientras los demás duermen, nosotros pensamos, vivimos.

Por horas y horas que parecen segundos. Hasta que nos afligimos y decimos que ya debemos dormir. Nos dormimos al instante o duramos otras horas de más. Nos levantamos para seguir la rutina de todos los días. Los estudios, el trabajo, las tareas. Para que al final del día volvamos a hacer lo mismo, y en muchos casos pasamos repetidas veces por la situación de no poder dormir, ya que la noche nos está diciendo que debemos conversar, pensar, reflexionar.

El mundo convulsionado y en crisis pasa por nuestras mentes también y nos mantiene a la expectativa y nos quita el sueño de vivir en paz.

A veces, ciertas cosas en la vida hay que verlas y tomarlas en cuenta de forma distinta, por ejemplo la noche, no solamente es la otra parte del día, el final y el inicio. Cuando el sol se oculta y debemos descansar. Sino también veámoslo como una oportunidad para navegar dentro de nosotros, dentro de nuestros pensamientos, qué está bien y que está mal.

Porque muchas veces actuamos sin pensar las cosas, sin planear ciertas situaciones, que en algunas ocasiones resultan en un problema que nos perjudican más.

Entonces, miremos las cosas con otro sentido, no con el simple de lo que es, sino con el sentido de cómo podemos aprovechar ciertos tiempos, momentos, para pensar en nosotros y sentir cómo estamos y hacia dónde estamos yendo, aunque eso nos quite un poco el descanso.

Es bueno meditar, aunque sea de noche, sobre el presente, lo que debimos o debemos hacer en nuestras vidas, en nuestra familia, en nuestro país, en medio de un mundo y un país apurado que también espera de nuestra contribución.

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