Francisco Bautista Lara
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La población en cada país y en cada momento histórico tiene preocupaciones fundamentales que son cambiantes e influyen en la naturaleza de su comportamiento, opinión social y voto –según el limitado esquema electoral de “democracia” -. Por ejemplo, en Guatemala, la mayoría de guatemaltecos percibieron durante muchos años que su principal problema era la inseguridad; a partir de 2015, la preocupación más relevante fue la situación económica (38%), el desempleo y la corrupción pública y privada, el Estado ha afectado su credibilidad por los escándalos que llevaron a prisión a la cúpula institucional. En El Salvador, es la inseguridad por la violencia generada principalmente por las pandillas y aspectos socioeconómicos, por lo que el grupo político que logre dar respuesta a esa mayoritaria demanda, sin duda obtendrá simpatía y apoyo social. En Honduras, son los asuntos socioeconómicos (54%), delincuencia, corrupción estatal y empresarial (39%) los que inquietan a sus habitantes. En Nicaragua son de manera contundente de naturaleza económica y social (81%). En 1990, lo que preocupaba a los nicaragüenses, era la guerra, el bloqueo norteamericano y sus consecuencias, por eso, interpretando los electores (no suficientemente informados) tal circunstancia, prevaleció el miedo e inclinaron su voto a la opción política que percibieron podría poner fin a esa amenaza.

A la mayoría de la población de los países mencionados le interesa poco los asuntos políticos e institucionales. Son grupos académicos y políticos, medios generadores de opinión y organizaciones con distinta influencia, quienes presentan en sus escenarios locales y foros externos, esos puntos de preocupación, que no logran movilizar aún el interés social amplio, por cuanto la mayoría de las personas –con el desarrollo humano existente-, no logran percibir ni entender.

En Nicaragua, el desempeño gubernamental en el ámbito socioeconómico, muestra avances relevantes que son percibidos favorablemente por la mayoría de los habitantes y pueden comprobarse según datos oficiales y no oficiales, y de organismos internacionales –aunque algunos traten de desacreditar las evidencias-. Hay estabilidad macroeconómica, liquidez financiera, baja tasa de inflación, reservas internacionales razonables, lo que permite que los diversos sectores económicos: agropecuario, comercial, industrial y financiero, identifiquen condiciones favorables para su negocio. Aunque la economía nacional es la más pequeña de Centroamérica, -representa el 6.6% del PIB regional-, sus resultados han sido positivos. El crecimiento del PIB real es el segundo más alto, promedio de 4.6% (cuatro años), solo inferior a Panamá (5.9%).  Es el único que redujo 1.2 puntos porcentuales el desempleo abierto (el resto subió o fue constante), aunque tiene el mayor porcentaje (11.4%). La inversión socioproductiva en salud, educación, infraestructura, calles y soluciones habitacionales en barrios populares, es amplia. Se reconoce: apoyo a sectores vulnerables, bono productivo,  atención a emergencias medioambientales, naturales y riesgos epidémicos, habilitación de parques y centros de recreación, recuperación del centro de Managua convirtiéndolo en referente turístico y de sana recreación… La mayoría percibe que el país avanza por “buen camino”. Ello ha permitido reducir pobreza general (-5.8 p.p.) y pobreza extrema  (-2.1 p.p.) entre 2009 y 2015 (Fideg).

La oposición política nicaragüense y otros grupos, además de fragmentados, no han logrado articular un discurso congruente y persuasivo que responda a preocupaciones fundamentales de la población, por lo que resulta difícil que puedan captar su interés mayoritario. Sus críticas principales al Gobierno –aunque dispersas-, enfocan: institucionalidad, violación de derechos humanos, proyecto del Canal, situación económica y pobreza. Los dos primeros asuntos no se perciben socialmente y los otros, apenas son una arenga sin planteamientos concretos, con énfasis de manipulación y desinformación.

Contrario a ello, el Gobierno ha logrado articular un sólido y estable abordaje socioeconómico para atender la principal demanda social, ello le permite –además de la capacidad organizativa territorial-, acumular la simpatía popular de quienes perciben, en su mayoría, no solo un discurso, sino hechos visibles que han construido esperanzas al mejorar las condiciones personales, de comunidades y barrios, aunque somos conscientes que todavía hay mucho rezago por superar.

El escenario planteado muestra un claro panorama, más allá del prejuicio –por posiciones políticas o “efecto halo”: no ver nada bueno del que cae mal-, a pesar que algunos dudan o descalifican las encuestas de opinión y los datos -los que simplemente tomo-, un resultado electoral que favorecerá a quien ha atendido la preocupación fundamental de la mayoría de los nicaragüenses.  (www.franciscobautista.com)

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