Petronila Terán
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Casi dieciséis muertes mensuales por neumonía reportan los informes oficiales de salud del país. No hay datos desagregados por edad. Siendo los grupos más vulnerables la niñez menor de cinco años y adultos mayores, posiblemente entre ellos hayan ocurrido. 

Los factores ambientales modificables que propician las infecciones respiratorias complicadas son: el hacinamiento dentro de los hogares, el humo de la leña y el fumado. Entre los recién nacidos las neumonías más graves y nada infrecuentes son las causadas por tradiciones ancestrales maternas de purgarlos con “aceite fino”, o la ingesta de aceite de cusuco para calmar la tos. Los menores de un año tienen gran limitación para tragar correctamente los aceites: una parte se va al estómago y otra a los pulmones, provocando las “neumonías lipoideas”, que inflaman grandes segmentos del pulmón y pueden ser mortales. 

Además de la extrema inmadurez del sistema de defensas (inmunológico), la ausencia de una lactancia materna exitosa en las primeras etapas de la vida es un factor predisponente para sufrir infecciones graves, especialmente respiratorias e intestinales. 

Menores de seis meses que reciben lactancia materna exclusiva (sin agua ni otros líquidos) están protegidos contra las neumonías, tanto virales como bacterianas. Su madre lactante aunque tenga gripe le transmite defensas,  protegiéndolo. Si acaso desarrolla gripe, será un catarrito, se salva de la neumonía. Entre los seis y veinticuatro meses la leche materna sigue siendo un factor protector insustituible. La leche materna posee una serie de factores, entre ellos los moduladores del sistema inmunológico (de defensas). Las inmunoglobulinas de la leche materna --fabricadas en su sistema respiratorio e intestinal-- son especiales para su bebé porque atacan unos siete virus, entre ellos productores de infecciones respiratorias, como el virus sincitial respiratorio, virus de la influenzae y a diez tipos de bacterias incluyendo el hemophilus influenzae, streptococo neumoniae, klebsiella neumoniae. Contiene otros factores protectores que fortalecen la actividad antinfecciosa como la lactoferrina, los oligosacáridos 
que atacan al neumococo, los glóbulos blancos con su actividad fagocitaria (se comen a las bacterias). Los nucleótidos de la leche materna que estimulan la función inmune. Lisozima: asesina de bacterias. Las grasas de la leche materna y la enzima lipasa forman una alianza protectora que ataca a  las bacterias. 

Cada madre lactante produce las defensas específicas en contra de los agentes infecciosos  --y sus mutaciones--, propios de su entorno social. Estas defensas funcionan como un préstamo, mientras el sistema inmunológico propio del bebé va madurando a través del tiempo hasta capacitarlo y volverlo autónomo para enfrentar infecciones como a los cinco años de edad. Ninguna leche de pote, por muy costosa que sea, contiene ni puede contener este portentoso sistema de agentes protectores contra las neumonías, conformado por sustancias vivas, específicas para la especie humana. Elementos como probióticos (bacterias lácticas) y prebióticos (fibra) son adicionados a las leches de pote, que son inertes desde el punto de vista inmunológico, para tratar de compensar la ausencia de los factores insustituibles de la leche materna. 

Otro factor protector contra las neumonías es un adecuado estado nutricional, especialmente entre los menores de dos años de edad, etapa en que aparece, se desarrolla y se manifiesta la desnutrición crónica infantil. Único momento en la vida del ser humano en que se puede prevenir y curar. Posteriormente lo que se detectan son secuelas, daños irreversibles. Ver artículos: Desnutrición crónica infantil ¿qué es? https://alimentacionbajolalupa.wordpress.com/category/lactancia-materna-2/. Y Mitos y tabúes cabalgan sobre la desnutrición crónica infantil: https://alimentacionbajolalupa.wordpress.com/category/desnutricion-infantil/

En las campañas educativas de prevención de la enfermedad y muerte por neumonías habrá que considerar la promoción, protección y apoyo de la lactancia materna prolongada hasta los dos años de edad. Una capacitación materna sobre la alimentación --apropiada según los recursos familiares-- de bebés  entre los seis y veinticuatro meses de edad, y sobre el alto riesgo de administrar aceites a los menores de un año. 

*Pediatra, máster en nutrición y seguridad alimentaria.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus