Gustavo-Adolfo Vargas *
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Según los analistas económicos, China después de India, es el país con mayor número de pobres del planeta, la desigualdad social crece rápidamente entre las ciudades, el campo y las diferentes regiones.

China depende casi totalmente de las transnacionales para el desarrollo de sus industrias tecnológicamente avanzadas, mientras su capital privado o estatal está concentrado en las industrias tradicionales.

El desarrollo industrial chino se ha hecho a costa del ambiente, destruyendo irreversiblemente los deltas y zonas tradicionalmente más ricas desde el punto de vista de la producción de alimentos, hoy cubiertas de cemento que dañan la producción arrocera, de verduras y la reproducción de los peces.

Como en India u otros países del sureste asiático, los bajos costos de la producción china se basan en los bajos salarios de una mano de obra intensamente explotada, sin protección, así como en la baja calidad de los productos de consumo y el relativo control de muchos de ellos como los medicamentos, y algunos alimentos como el pollo, etc.

En China hay crecientes luchas en protesta por los accidentes de trabajo o los desastres ambientales; la política del hijo único redujo el crecimiento demográfico, ahora como consecuencia presenta la escasez de brazos para el desarrollo de la industria; el riesgo causado por la supresión de las mujeres afecta la reproducción de la mano de obra y junto con la resistencia obrera, la encarece.

No toman en cuenta que, el primer modelo chino empezó rompiendo la dependencia de los primeros años de la tecnología y la ayuda de la Unión Soviética, basándose en la existencia de un inmenso éxodo de chinos en el sureste asiático y Estados Unidos, incluyendo Sudamérica que provee de cientos de miles de millones de dólares, de lo cual China obtuvo parte importante del capital inicial.

Existía una gran masa de jóvenes trabajadores que laboraban fuertemente, eran disciplinados, pero desorganizados política y sindicalmente; aunque por razones históricas y demográficas fueron un factor único del crecimiento chino.

Mientras la población de las zonas rurales chinas sigue siendo mayoritaria en un 60%, conservando una vasta mano de obra potencial para la industria, con la posibilidad de aumentar la productividad en el campo con obras públicas, mejor tecnología y organización de trabajo; Corea del Sur se desarrolla industrialmente, gracias a las inversiones militares de Estados Unidos. Obviamente en el Japón la ocupación militar extranjera cambió la estructura agraria tradicional, desarrollando una industria monopólica altamente solidificada.  

Los analistas que están a favor de China dicen que sus empresarios entre 2010 y 2015, invirtieron 110,000 millones de dólares en el sector inmobiliario de Estados Unidos, lo que ascenderá a 218,000 millones en 2016. Y que su deuda externa con China como mayor acreedor, es de 1.26 billones de dólares en bonos del tesoro, seguida de Japón, con 1.22 billones.

Desde febrero del presente año, la estatal Chem China, adquirió la suiza Syngenta, pasando a controlar el 20% del mercado mundial de agroquímicos. También la compañía china Haier, compró la división de electrodomésticos de General Electric, HNA la tecnología estadounidense Ingram y Wanda la productora Hollywood Legendary.

El año pasado la Boston Consulting Group (BCG), señaló que por primera vez en la historia moderna, Asia tiene más riqueza privada que Europa, y que China representara el 70% de su crecimiento entre 2016 y 2019.

Pero los dos grupos de analistas están en desacuerdo: uno dice que el modelo que conviene a los países subdesarrollados es el de China; y el otro cree que cada país debe elaborar el suyo propio.

* Diplomático, Jurista y Politólogo.

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