Eddy Zepeda
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Definir biocognición y autoestima podría sintetizarse a lo referido a un adecuado proceso psicomotriz (mente-cuerpo) y cognitivo (conocimiento, raciocinio) de cara a nuestra integración social plena desde las etapas infantes hasta la adultez, incluyendo la tercera edad, es decir, hasta cuando actuamos con conciencia, con conocimiento de causa, según el llamado libre albedrío. Lograrlo de manera óptima implica el avance escalonado, como un continuum ininterrumpido, pasando por la etapa dependiente total (primera infancia), la estimulación temprana, hasta el pleno ejercicio de nuestras funciones de manera independiente y voluntaria, ejerciendo funciones ejecutivas coherentes, según nuestras propias decisiones y criterios.

El desarrollo neurológico del primer año de vida, fase en la que todavía nuestro cerebro alcanza su máximo volumen y se cierran las compuertas (fontanelas o molleras) nos garantiza un buen funcionamiento psicomotriz, a lo que se suman las condicionantes y estímulos externos, que pueden ser positivos o negativos. Partiendo de este razonamiento, basado en evidencia científica, es obligatorio fortalecer los cuidados necesarios del futuro individuo desde su etapa intrauterina, garantizando su adecuada nutrición y oxigenación, por la vía del binomio madre-hijo, es decir, garantizando un óptimo control pre y perinatal, hasta el momento del alumbramiento, procurando que sea institucional (unidad de salud) hasta donde sea posible.

Pasando la infancia-adolescencia deberá continuar garantizándose atención integral, bajo normas y protocolos ya definidos y avalados por estudios científicos, respetando siempre las características idiosincráticas (conocimientos, creencias, actitudes y prácticas), permaneciendo vigilantes de no caer en la trampa de misticismos, alucinosis e imaginerías producto de fantasías, ilusiones e irrealidades con tal de satisfacer necesidades generadas por desconocimiento. Es en esta etapa donde empiezan a germinar las ideas, la estructuración  de la personalidad, el fortalecimiento y definición de la sexualidad. Antes no se tiene conciencia de dicha cualidad intrínseca del individuo. Igual que en la primera fase intrauterina, cuando se da la formación de órganos y sistemas, el primer trimestre de gestación, donde todos somos orgánicamente bisexuales, es decir, tenemos ambos sistemas, lográndose sobreponer y desarrollar el que genéticamente se definió por nuestros cromosomas (XX o XY), atrofiándose el que no corresponde. Eso define entonces que el producto (ser humano) será masculino o femenino. Orinará de pie o sentado. No hay otra variante factible, excepto algunos casos de hermafroditismo. Tema  para otro artículo. En el futuro aparecerán otras opciones de conductas y comportamientos, influenciadas socialmente, más que biológicamente. Desarrollo, globalización y mercado para su análisis respetuoso, que es campo de los sociólogos.

Llegando al título de la presente reflexión, es en esta etapa que se evidencia la ruta a continuar en la consolidación de nuestro pensamiento y consecuente comportamiento social, nuestras ideas, nuestra autoestima (baja, normal o sobredimensionada), siempre influenciada por elementos externos. Repitiendo el ciclo temprano del desarrollo asumimos papeles emulando a nuestros adultos, queriendo ser como ellos cuando grandes, la mayoría de veces quemando etapas cuando los intereses económicos deben asegurarse o para enaltecer egos patológicos. Cuidado a tener en cuenta cuando exponemos a nuestros jóvenes a tareas para lo cual no están con la madurez necesaria, como la participación política. Todo a su tiempo. No por madrugar amanece más temprano. La audacia es temeraria en esta etapa biopsicológica. Lo afirmamos sin pretender medicalizar los conceptos. Es lo que soporta la evidencia.

Siendo adolescentes actuamos como adultos, sin superar siquiera la adolescencia tardía. De allí los tropiezos frecuentes y las frustraciones que marcan al adulto maduro y adulto mayor en las fases finales de su existencia. Las repercusiones e impactos negativos no se limitan al núcleo familiar, sino que trascienden a lo comunitario y también a nivel de nación. 

Teniendo la oportunidad en estos momentos de elegir autoridades que tomarán las riendas del país por el próximo quinquenio, debemos ser lo suficientemente responsables para escoger a quienes se encuentren con las facultades cognitivas, académicas o con suficiente sentido común, adecuados para la toma de decisiones que permitan lograr un desarrollo integral, equitativo, justo.

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