Augusto Zamora R.*
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Siete de los once jugadores de la selección francesa en la pasada Eurocopa eran de origen africano. Algo similar se daba en las selecciones portuguesa e inglesa.

Varias estrellas de la selección alemana tienen raíces africanas: Khedira (Túnez), Boateng (Ghana) y Mustafi (Marruecos). David Alaba, el mejor austríaco, es de Nigeria.

Los hay por miles y no de ahora. El mejor futbolista francés de las últimas décadas, Zinedine Zidane, hoy entrenador del Real Madrid, ancla sus raíces en Argelia.

Desde que el deporte se ha convertido en espectáculo e integra las políticas educativo-culturales de muchos países, los pobres han hallado en él un medio de rápido ascenso social, que les es negado por otras vías.

Pasó y sigue pasando en EE.UU. El célebre boxeador Rocky Marciano era de origen italiano (Rocco Marchegiano). La saga de películas Rocky, del también italiano Sylvester Stallone, se inspira en su paisano.

Béisbol, boxeo, baloncesto y atletismo han sido, para los  negros, autovías para dinero, gloria y ascenso social, siendo alternativa a drogas, delincuencia y muerte prematura.

Los hispanos cada día ocupan más espacio deportivo. 29 de los jugadores convocados al Juego de Estrellas de béisbol 2016 eran latinoamericanos o de directo origen hispano.

En Europa prefieren que los refugiados se ahoguen en el Mediterráneo, antes que darles acogida. En EE.UU. persiguen a los hispanos como si fueran alimañas en el desierto.

Pero cuando ganan medallas los presentan con orgullo y hacen ondear sus banderas. Da repeluz, digámoslo.

az.sinveniracuento@gmail.com

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