Miguel Carranza
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El Consejo de la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF, por sus siglas en inglés) prohibió el 17 de junio a una de las federaciones más importantes del mundo en este deporte de participar en los Juegos Olímpicos 2016, acusando —sin fundamento— a sus atletas de doparse.

El Comité Olímpico Internacional (CIO) posteriormente el 21 de junio apoyó la decisión de la IAAF, pero no empezaba a destituir a toda la selección de Rusia de la Olimpiada 2016.

El presidente del CIO, Thomas Bach, ha declarado sin embargo que en los Juegos Olímpicos 2016 pueden tomar parte bajo la bandera rusa algunos atletas de cuales la IAAF no ha señalado de doparse.

No obstante, esto no detiene la campaña a gran escala de desacrédito que mantiene Occidente contra Rusia, incluso ahora hasta en el deporte. Occidente no necesita motivos para introducir sanciones o prohibiciones, simplemente los inventa y los anuncia hermosamente por sus medios en cualquier momento, como es este caso. Últimamente ya no juegan en la democracia, sino que dictan directamente la voluntad, aunque aquella contradice la norma de la decencia.

La Rusofobia al día de hoy es uno de los principios de la política occidental. La presión al auditorio ruso tiene lugar por todas las direcciones. Europa y Estados Unidos condenan toda la actividad de política exterior del poder ruso. Y ahora los deportistas de este país euroasiático se encuentran bajo este golpe.

Rusia tiene éxitos por todos los frentes: el deporte, la influencia política, la ciencia y otras esferas de la vida. Tal éxito no da descanso a Occidente. Por ello ahora usa cualquier posibilidad de presionar a Rusia. Cualquier motivo informativo se convierte en el medio de presión al pueblo ruso.

A los atletas rusos les acusan sin fundamentos y argumentos en el uso de los medios de doping, pero extrañamente imputan públicamente y no quieren concretar las sustancias encontradas en la sangre de los deportistas o la participación de cualquier persona en este escándalo.

Difunden los rumores que golpean la reputación de la comunidad deportiva de Rusia. Quieren castigar ilógicamente a los atletas que forman parte de la selección en 2016 por la infracción que hizo otro atleta en 2008. Es un absurdo, y cualquier hombre y mujer de buen juicio lo comprende.

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