Miguel Carranza Mena
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Pareciera una historia de nunca acabar, pero mientras las máximas potencias no se pongan de acuerdo en concretar un plan para acabar con ellos, seguiremos escuchando noticias de ataques suicidas en Europa, Estados Unidos,  y cualquier parte del mundo que se le ocurra a los ya mediáticos y sangrientos miembros del Estado Islámico, EI. 

A pesar de ello, Rusia ha dado sobradas razones de querer acabar con los yihadistas.

Recientemente seis de sus bombarderos de largo alcance Tu-22M3 destruyeron dos puestos de mando y material bélico en la zona de al-Sukhnah, Arak y al-Tibah al este de Palmira en el campo de Homs.

Ha sido el tercer ataque de bombarderos pesados rusos contra EI en esta zona, desde que el pasado 12 de julio los extremistas derribaran por primera vez un medio aéreo de Moscú. 

No obstante, mientras  la Federación de Rusia  ataca constantemente a los extremistas en Siria, desde septiembre 2015 a solicitud de Damasco, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), encabezada por EE.UU., aumenta  sus ejercicios militares en las fronteras rusas (Europa del Este), en una actitud amenazante y hostil hacia Moscú. 

Cualquier persona con cinco dedos en la frente, pensaría que sería lógico usar esta súper fuerza para combatir a los extremistas quienes en los últimos meses se han adjudicado los atentados en Bruselas, Bélgica; y Niza, Francia, en el cual 119  inocentes perdieron la vida y centenares quedaron heridos. 

Pero la OTAN sigue obstinada con Rusia. Una evidencia de ello es la publicación de la revista estadounidense ‘The National Interest’, que  revela que cinco países europeos miembros de esta alianza albergan bases militares estadounidenses con bombas de hidrógeno, un arma  mucho más devastadora que la bomba que devastó Hiroshima, Japón en agosto de 1945.

Pero para qué tener un arma tan letal si hasta el momento el único enemigo de la humanidad que está cobrando fuerza en el mundo son los extremistas. Recordemos que EI no simplemente ejecuta actos terroristas: también conduce operaciones militares, se apodera de territorios, crea órganos de dirección; y fortalece un estado que tiene grandes ingresos a expensas de la venta del petróleo.

EI, dispone también de recursos para la creación “de la bomba sucia” con el uso de materiales radioactivos. El efecto de su uso no sería tan destructivo como si lo sería una posible escalada mundial de pánico.

Es vital por ello crear una coalición verdadera en la que los países más poderosos del planeta le pasen la factura a EI por la sangre inocente derramada entre ellos: niños, niñas y mujeres. 

En ese contexto Rusia, junto a la República Islámica de Irán, el Gobierno de Damasco y el Movimiento Hezbolá han sido los únicos que han hecho frente a las bandas terroristas. Por mi parte quisiera ver a Estados Unidos unirse a ese esfuerzo junto con la Unión Europea para que de un solo golpe se acabe de raíz con los extremistas.
 

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