Claudio Alatorre
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¿Cuántas veces hemos pensando mientras íbamos manejando que queríamos encontrar estacionamiento gratuito? Probablemente muchas, y ¿cuántas veces hemos asociado el precio del estacionamiento con el cambio climático? Probablemente nunca.

El hecho de haber lugares que ofrezcan estacionamiento gratuito a sus clientes, refleja una visión del urbanismo que busca facilitar el uso del automóvil en las ciudades, incluyendo por medio de la oferta de estacionamiento.

Este es el caso en Veracruz, México. El año pasado, el congreso aprobó por amplia mayoría un decreto que obligaba a los centros comerciales del estado a ofrecer lugares de estacionamiento de manera gratuita a sus clientes. Este decreto llevó a interesantes debates y a litigios.

En la actualidad, sin embargo, se están desarrollando nuevos modelos urbanísticos que buscan lo contrario, es decir, reforzar el transporte masivo, densificar las ciudades y reducir la oferta de estacionamiento. Algunas ciudades están tomando medidas en este sentido. São Paulo, por ejemplo, está eliminando las regulaciones urbanas que exigen un mínimo de lugares de estacionamiento para los edificios.

Cuatro motivos hacen que sea importante reducir —y encarecer— la disponibilidad de estacionamiento:

En primer lugar, casi sin excepción, las grandes ciudades de Latinoamérica y del mundo están asfixiadas por las consecuencias de un modelo de movilidad basado en el uso de automóvil: congestión, contaminación del aire, estrés, accidentes. La experiencia muestra que estos problemas no se resuelven por medio de vías rápidas y estacionamientos, sino al revés, por medio de un menor uso del automóvil.

La calle congestionada deja de ser un “bien público” y se convierte en un recurso de uso común sobreutilizado, pues el hecho de que alguien la utilice va en detrimento de la capacidad de los demás de hacer lo mismo. El acceso se da de manera inequitativa, pues una minoría de gente, es decir, los automovilistas, utilizan la gran mayoría de este recurso finito, a expensas del resto de la población.

Del mismo modo, la disponibilidad de lugares gratuitos de estacionamiento beneficia a los dueños de automóviles y perjudica a los que usan otros medios de transporte (a menudo los más pobres). Por ejemplo, en un ambiente competitivo, un negocio obligado a ofrecer estacionamiento gratuito deberá subir los precios de sus bienes o servicios.

Por si las anteriores razones no fueran suficientes, por medio del Acuerdo de París del año pasado, los países se han comprometido a avanzar hacia un futuro con un aumento de temperatura por debajo de los 2 grados centígrados. Los modelos muestran que eso implica eliminar las emisiones de gases de efecto invernadero para el 2050. Y eso a su vez implica cambios profundos en la manera en que la gente se mueve en las ciudades.

El decreto de gratuidad de los estacionamientos del estado de Veracruz fue derogado, pero todavía falta mucho por hacer. Por ejemplo, en la capital del estado, el Plan de Acción Xalapa Sostenible identifica como problemas la falta de planeación y vinculación entre el desarrollo urbano y el transporte, la falta de alternativas de transporte público eficientes, y la inexistencia de infraestructura para el uso de la bicicleta. Esperemos que los veracruzanos canalicen su pasión a enfrentar esos problemas considerando nuevas ideas urbanísticas que llevan a menos automóviles y más peatones, bicicletas y autobuses.

Esta columna fue originalmente publicada en el blog Cambio Climático y Sostenibilidad del Banco Interamericano de Desarrollo BID.

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