Adolfo Miranda Sáenz
  •   Managua, Nicaragua  |
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Los políticos del grupo de Montealegre, y los medios que los promueven, dicen que el pueblo nicaragüense está adormecido porque no sale masivamente a las calles a confrontar al gobierno. Pero el pueblo no está adormecido, está convencido de que no tiene por qué hacerlo. No es por indolencia ni por miedo, sino por convicción. Pero ese grupo –que afirma con arrogancia ser “la única oposición”- pretende convencernos de que representan a la mayoría. En el periódico que los promueve, el pasado once de julio, citan a uno de sus principales dirigentes, Luis Callejas, diciendo que por haber perdido la casilla electoral del PLI, devuelta a los miembros originales de ese partido, “hay una efervescencia enorme en la población”; y amenaza al país con “un paro nacional, toma de carreteras, plantones” y, además, con “acciones no tan cívicas”, o sea, ¡con violencia! Sin embargo, esa efervescencia solo la ven ellos, y se contradicen porque, por otro lado, dicen que el pueblo está adormecido.

El pueblo puede estar en lo cierto o puede estar equivocado en sus percepciones y decisiones, pero no adormecido. La mayoría –tanto simpatizantes del gobierno como opositores sensatos- no vamos a confrontarnos con violencia, tranques, asonadas… y mucho menos promover un “paro nacional” que destruya los avances económicos y sociales que hemos logrado en 25 años de paz, acabando con el empleo de miles de personas y causándole más pobreza a los pobres. Además, el 81.7% del pueblo aprueba –con razón o sin ella- a Daniel Ortega; el 82.4% se siente satisfecho con la democracia que -según su percepción- hay en Nicaragua; y un promedio del 70% confía en la policía y el ejército. ¿Cómo vamos a confrontar a tantos que piensan así? Y si esas personas estuvieran equivocadas, ¿vamos a convencerlos con violencia? 

El grupo minoritario que se auto llama presumidamente “la única oposición” no quiere reconocer las encuestas. No quieren oír al pueblo que les dice que el 92.3% no quiere confrontaciones. Un 48.2% considera que la oposición debe contribuir a la estabilidad del país, y un 36.7% cree que debe dialogar y negociar con el gobierno. Podemos o no estar de acuerdo en cómo y cuándo hacerlo, pero no podemos ignorar lo que el pueblo pide. Sin embargo, esa minoría que se arroga ser “la única oposición” y usurpa el derecho de hablar por todos, ve espejismos de multitudes siguiéndolos mientras continúan con su viejo discurso de los años 80, que hoy, cuando vivimos otra situación, a pocos atrae. Al 79.3% le preocupan los problemas económicos (empleo, costo de la vida, servicios básicos) y no relacionan sus problemas con las condiciones políticas que solo al 1.2% le interesan. El grupo auto proclamado como “la única oposición” promueve violencia como única alternativa y sigue obviando lo que a la mayoría del pueblo le preocupa e interesa, como los programas sociales y el desarrollo económico que produce empleos. ¿Cómo los van a apoyar? 

Pero dichosamente ellos no son “la única oposición”, y tampoco “la mayoría opositora”. Los 778.889 que votaron por el PLI en 2011 no lo hicieron por ellos, que desde hace dos años marcan solo 3% de simpatías, sino que simplemente votaron contra el Frente Sandinista. Ahora el PLC ha venido marcando en las encuestas el doble de simpatías que aquel PLI. Hay millares de opositores e independientes buscando opciones para depositar su voto por aquellos candidatos que han decidido concurrir a las elecciones y no quedarse lamentando en la vera del camino llamando a la violencia. No por “zancudos”, sino porque mediante el voto se podrán ganar espacios legítimos para una lucha verdaderamente cívica, que es la única posible en nuestra realidad. Millares de opositores saldrán a respaldar a Maximino y los candidatos del PLC.

Abogado, periodista y escritor
www.adolfomirandasaenz.blogspot.com

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