Jorge Isaac Bautista Lara
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Decía José Ortega y Gasset “el desafío para la educación es acortar la distancia entre lo que los alumnos aprenden hoy y las realidades con las que convivirán mañana”. Cuando hablamos de la disciplina escolar, entendemos el seguimiento de un código de conducta, con un Reglamento Escolar, que define un modelo para comportarse, un uniforme, horarios, normas éticas, sanciones, relaciones y comportamientos en el centro, etc. Reglas que de incumplirse generen consecuencias lógicas, naturales y correctivas. Una disciplina correctiva que no es sinónimo de castigo ni maltrato.

Esa disciplina es garantía de orden, seguridad y desarrollo armonioso dentro de las aulas. Es un elemento de piso; no es posible transmitir conocimiento en el desorden. Lo que nos está pasando en los colegios, es sintomático. Los docentes y autoridades han renunciado en su aplicación. La supervisión, seguimiento y apoyo a las autoridades en los Colegios debe ser reforzada para ser preventivos, y aplicar una disciplina contextualizada, por ser un factor determinante en el proceso de enseñanza-aprendizaje.  Lo que está pasando en muchos colegios públicos y algunos privados; debe hacernos reflexionar seriamente. Existe una política pública que destina recursos y esfuerzos en pro de la educación en los últimos años, es una realidad.

Pero, algo no estamos haciendo bien, y  es urgente revisar, evaluar y actuar. Demos una muestra de lo que cada vez es más frecuente: 1.- Que alumnos amenacen e insulten a profesores en los centros de educación y estos hagan poco o nada para evitarlo por temor, adquiriendo estos jóvenes gradualmente dominio sobre esos territorios. 2.- Ocupan con mayor desparpajo en las clases los celulares, quedando el profesor hablando con un 50%, o menos y a veces solo. 3.- Los alumnos arman peleas, donde profesores y autoridades no se meten, evitando represalia de los alumnos. 4.- El maltrato, amenazas y golpes de alumnos a personal de servicio en los colegios sin posibilidad de lograr defenderse, ni que salga a luz pública. 5.- El consumo descarado de droga en lugares internos, donde las autoridades hacen cuenta de puntos ciegos. 6.- Se implanta, amplíe y consolide más la disciplina, entiéndase indisciplina, de los estudiantes donde los grupos imponen parte de su sistema de orden de “valores” haciendo lo que desean, con el temor del resto de compañeros, etc.

Las medidas correctivas se han disminuido; las metas son lograr estadísticas en cada colegio, y no está mal, pero no puede ser a cualquier costo. Es lograr cantidad y calidad; no hacer un versus de ambas.

Al aumentar el número de alumnos por aula, aumentamos la carga al docente, y con ellos el descontrol. El asunto es aumentar también profesores. ¿Si esto va así, cuál será el futuro? La disciplina aplicable al contexto escolar que nos permite un control del comportamiento, está en coma. Y el maltrato entre alumnos se profundiza cada vez más. Estamos olvidando el seguimiento y evaluación de la disciplina y respeto en los colegios, sobre todo y lamentablemente, en los colegios públicos de mayor población estudiantil. La educación debe impartirse en un contexto de disciplina, moral, ético y de respeto; entre los miembros de la comunidad educativa. La idea de una gran familia en los colegios se diluye y extingue pasmosamente. Nos volvemos y sentimos extraños. El papel de los padres en la educación se evapora. La educación compite y es vencida por la TV que repite el irrespeto al adulto, maestro y a los padres.

Reflejan al joven como inteligente, audaz y heroico cuando menosprecian, ridiculizan y engañan a sus mayores. Para la Tv es valor al desvalor. La gota de agua taladra la piedra; y a fuerza de su caída constante horada la piedra. Así el desvalor a base de repetirse se está aceptando como verdad. La libertad absoluta sin disciplina, márgenes, no puede ni debe existir; el margen da forma y dirección. En caso contrario es informe y dañina para la sociedad, comunidad, escuela, familia y el estudiante. Los derechos de la niñez y adolescencia se comprenden y se aplican mal; transformado los resultados en verdadero cáncer social, cuyas consecuencias no dan futuro a nadie. Perdiendo la disciplina, dañamos seriamente los procesos de aprendizajes. O se elaboró mal la ley, se entienden mal, aplica mal o los encargados de ello son incompetentes. Han abandonado las labores preventivas las autoridades de los colegios y profesores. Se requiere un esfuerzo por el cambio por parte de todos. Para Kant “el hombre no es más que lo que la educación hace de él”. Revisemos la línea completa. Qué bien nos haría recordar a Pitágora: “Educa al niño, y no será necesario castigar al Hombre”.

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