Félix Navarrete
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La intrascendencia del hombre en la tierra es cada vez más notoria.  Uno se muere algún día y por más que se esfuerce en hacerse notar y aparezca en las redes sociales, se va sin nada de este mundo y regresas al polvo donde tu carne apestosa será el banquete de billones de gusanos que danzarán frenéticos alrededor de tus restos.

Qué  triste destino:   desaparecer.  En un abrir y cerrar de ojos desaparece todo. La fama y la gloria son temporales. A los días nadie se acuerda  de tu muerte, no importa quién hayas  sido;  tal vez solo te recuerden los que  te quisieron, contados con los dedos de la mano. Pero ya perteneces al olvido que es la nada. Acéptalo.

 Así que por favor no ande creyendo  en reencarnaciones ni en energía cósmica encarnada ni en dietas mágicas.  Aquí se sube al tren y  aquí se baja. Si no se divirtió, no es mi problema.  Un señor  relojero  nos lleva el tiempo. Su estancia  tiene período de caducidad y se aplican restricciones. Recuerde que la vida es un hotel donde nadie se va sin pagar la cuenta y donde te cobran hasta las malas miradas.

No lo tome a mal, pero es la pura  verdad. Vivimos para morir, y no veo el chiste por qué mientras nos morimos nos lastimamos en el trayecto. Observo a ricos y excéntricos millonarios que trabajaron para otros y  nunca comprendieron que el dinero se hizo para comer, divertirse y repartirlo entre los más necesitados. También siento  pena  por aquellos pobres que se dejan embelesar por el dinero y pierden su vida por tenerlo. 

Cada día  entiendo menos al mundo y me acerco más al misterio de la verdad que solo a través de Dios se puede explicar.  A los  52 años he visto más dolor que felicidad a  mi alrededor, y solo me pregunto si es porque somos masoquistas,  ignorantes o soberbios.  Tal vez  sean las tres cosas.  De todas formas, el ser humano es una entidad muy extraña que nadie ha logrado comprender.

También he visto  cómo muchas personas desgastan su vida acumulando fortunas inútilmente y hasta se desvelan para cerrar un negocio, mientras sacrifican mañanas maravillosas y sencillas al lado de sus hijos y tardes soleadas para jugar con sus nietos y bisnietos y darse un baño de familia.  Luego vienen las enfermedades terminales, las tragedias inesperadas y esos encuentros  quedan pendiente para una postal que nunca llegó. 

Quizás por haber nacido pobre, he comprendido a tiempo que lo que nunca tuve no me hace falta. Nadie puede añorar lo que no conoce. Nací sin conocer el dinero.  Reconozco: es seductor, pero ingrato. Siempre soñé con lo necesario para vivir: una casa, un carro, un empleo digno,  y algo en la cartera para comer chiverías en la calle como un niño.  Gracias a Dios tengo alguna de  esas cosas, aunque no son mías. 

Siempre  he creído que la vida es más agradable cuando el dinero no se convierte en el centro de tus aspiraciones. Qué extraño: el dinero da alegría, relaja, y hasta  me pongo de mal humor cuando no lo tengo.  Me han dicho que el dinero no es para todo el mundo: a unos los enloquece y a otros los mata. Mi vida se debate entre días altos y bajos pero algunas personas que tengo a mi  lado  me  muestran los destellos de un sol cuando solo veo oscuridad. 

Esas personas son la razón de  mi existencia. Nada ni nadie puede sustituirlas. Un día de estos podría sacarme la lotería, heredar una fortuna, comprar  la vía láctea, rentar estrellas y  atesorar tierra en Marte, por aquello de la plusvalía, pero si no tengo la misericordia de Dios, la  sonrisa  de Vicente, la ternura y firmeza de Reyna, el saludo a distancia de mi madre, la generosidad de algunos amigos, la jodedera de mis compañeros de trabajo y la solidaridad de mis hijos, no soy nada. Me sentiría vacío como un violín sin cuerdas o como un cuerpo sin alma. 

Creo, por eso, que todos debemos tener una razón fundamental  para  vivir. Solo de esa manera tu estancia en la tierra será digna y provechosa. Al final, después de tanta parafernalia, la vida es un suspiro.   Solo el amor de Dios nos acerca a él y nos salva de este infierno. Después de todo nadie nace con boleto gratuito a la vida eterna. 

Managua, 25 de julio  de 2016.
Email: felixnavarrete_23@yahoo.com

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