Carlos Andrés Pastrán Morales
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Imagínate un mundo sin malos recuerdos y que nosotros mismos supiéramos nuestro futuro, lo que haremos y lo que seremos. No tendría sentido, nada nos limitaría, no habría presión.

Seríamos nosotros haciendo lo que ya sabemos que tenemos que hacer y todo seguiría el mismo mecanismo hasta la extinción del homínido. Y no tendríamos recuerdos de los errores y problemas que tuvimos, porque sabiendo el futuro, evitamos inconvenientes. 

Entonces, seríamos algún concepto de máquina, siguiendo los pasos de nosotros mismos, no de ejemplos ni reflexiones, más bien, siguiendo a nuestro propio yo que nos lleva de la mano a través de los años.

Piensen como sería si fuésemos máquinas sin ser de metal, de piel y sangre, y que sabemos qué nos ocurrirá mañana. Haríamos todo lo posible hoy para que nada malo nos pase el día siguiente.

Cero errores. 

Pero no es así, en nuestra realidad, no sabemos qué haremos mañana, simplemente pensamos en que nos pasó ayer, y si pasó algo malo, solo tenemos la esperanza de que no pase de nuevo, sabiendo aun así que todo puede pasar y tratamos de prepararnos psicológicamente.

Los problemas ya son parte del ser humano, algo que nunca falta. A veces los problemas no resultan ser malignos, porque en muchos casos, aprendemos de estos mismos errores, y dependiendo de la situación, hasta esos errores dan frutos que pocos se imaginaban. Un ejemplo claro es el de la penicilina.

La vida del hombre, debido a las grandes ocurrencias históricas, se caracteriza por estar llena de errores, conflictos, guerra, muerte… Pero también de vida, reflexión, creación, felicidad, prosperidad, paz. Eso nos hace humanos. 

Ocupar esas experiencias, problemas que tuvimos en el pasado para ser mejores, para pulirnos y no tropezar de nuevo con la misma piedra. Nos enseñan a pensar bien las cosas antes de actuar.

El pasado es cierto que es pasado, pero lo recordamos para ser mejores cada día, porque lo hecho, hecho está y el futuro no lo conocemos, por eso queremos que no se parezca a nuestro pasado, deben ser antónimos.

Ahora bien, el pasado es historia con pensamientos que viven en nuestra mente que nos hace reflexionar. El futuro es eso que no queremos que sea igual al pasado, algo que queremos mejorar. Pero entonces ¿dónde ocurre este cambio? En el presente. El presente es ahora, no adelante ni atrás, es ya! 

Dejemos de perder el tiempo, cada cosa a su hora. Dejemos la pereza, y organicemos nuestro horario. No nos dejemos llevar por tonterías y habladurías de las demás personas. Pensemos en grande. Mucho más grande. ¿Qué somos nosotros ante toda la existencia que existe en el universo? Nada. Y somos aún más nada cuando no aportamos con ayuda, ni con opiniones a la vida del ser humano, para hacer el cambio, para seguir adelante, para seguir con vida, una buena vida.

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