Galo Muñoz Arce
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El sueño de la izquierda latinoamericana se puede sintetizar en la llegada de nuestros pueblos a la auténtica libertad. Esa esperanza sigue latente a pesar de que los escenarios sociales para el surgimiento del gobierno del pueblo, por el pueblo  y para el pueblo, sean cada vez más hostiles y reaccionarios, sobre todo ante la construcción de  propuestas que reivindiquen la organización horizontal. Una de estas trabas es, sin duda la demagogia o la destrucción  interna de los mecanismos (democrática) para alcanzar o conservar el poder.

La demagogia o manipulación deliberada normalmente está definida como el mecanismo, que mediante la utilización de halagos o falsas promesas, pretende conseguir el favor del pueblo. En la demagogia es frecuente apelar a las emociones antes que a la racionalidad mediante el uso de la retórica y la propaganda, lo que parecería una actividad normal en una sociedad traspasada por las tecnologías de la comunicación de masas.

La falta de educación esconde y a la vez muestra una terrible aberración producida por la posibilidad real que el pueblo se autogobierne. El pueblo ha sido degradado en la tradición de la exclusión política y se ha convertido en el montón, en la muchedumbre, en el gentío, en la masa.

Este montón que tiene alguna importancia en la época de elecciones, no es definitivamente el pueblo, no es aquella comunidad de intereses basada en el consentimiento del derecho que quería  Cicerón. Más bien se trata en el mejor de los casos, de una variable cuantitativa o un híbrido mediatizado capaz de responder  a los estímulos de  la repetición.

Quizá por eso ahora se habla en Ecuador de ciudadano, tratando de dar alguna dignidad a los miembros de este montón. Pero cuando el pueblo se degrada en el montón según las fuentes de la teoría política, ocurre la oclocracia. La oclocracia, término griego traducido como “el gobierno de la muchedumbre”, es el gobierno del montón, y para ser exactos, el gobierno de aquellos que pueden utilizar al montón de votantes para salir electos. Esto sucede en mi país Ecuador, cualquier parecido en otros lugares del planeta, es mera coincidencia.

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