Augusto Zamora R.*
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Levanta, el candidato republicano, pasiones propias de estrella del rock. Él, tan ‘americano’: rubio, protestante, multimillonario. Y lengua floja, flojísima hasta azorar.

Las baterías del Partido Demócrata quieren demoler a Trump, proyectando de él una imagen grotesca, burda, caricaturizada, frente a una correcta, impoluta, fiable Hillary.

No es Trump el lobo feroz, ni Hillary caperucita roja. Puestos a medir cuál de los dos tiene mayores colmillos, hay que escoger a Trump. Los de Hillary huelen a pólvora.

Es, Hillary, reconocida halcón, partidaria de intervenciones militares, bombardeos, drones asesinos y centenares de otros atropellos. Si gana, habrá más guerras.

Trump es un anti-sistema salido de la nada. Se burlaba de él el ‘aparato’ republicano. Creían que nadie, de fuera del ‘aparato’ podía ganar unas primarias. Pero ganó.

Para Trump debe dialogarse con Putin, la OTAN está obsoleta, Crimea es rusa, deben anularse distintos tratados de libre comercio para crear empleo en EE.UU.

Tiene razón. En el actual mundo multipolar, el uso de la fuerza ha demostrado ser inútil, ruinoso. EE.UU. se ha desindustrializado, los especuladores reinan a su antojo…

Trump habla de muros con México y Hillary de apoyo a los inmigrantes. Bill Clinton gobernó diez años, el demócrata Obama otros ocho. Los inmigrantes siguen puteados.

Tampoco habrá grandes cambios. Demócratas y republicanos son harina del mismo costal. Gane quien gane, ganará el stablishment. Las campañas políticas son eso. Campañas. ¿O eso es el miedo a Trump? ¿A que quiera mandar, efectivamente?

az.sinveniracuento@gmail.com

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