Petronila Terán
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Nuestro cuerpo aloja unos cien billones de bacterias benéficas de distintos tipos, noventa por ciento de ellas viviendo en el colon, antes denominada flora intestinal, ahora microbiota intestinal. Son células pequeñísimas que, sumándolas, pesan más de un kilogramo. Se estudian en centros tecnológicos avanzados sobre los genes. No son cultivables con métodos convencionales. Funcionan como un solo órgano que complementa  numerosas funciones de nuestro organismo: entrenan  nuestro sistema de defensas (inmunológico), producen vitaminas, se nutren con nuestros desechos y sueltan químicos, de ellos algunos son utilizados por células del cerebro -que regulan nuestro estado de ánimo- y otros, protegen al intestino.  

El rol más importante de la microbiota intestinal es regular nuestro sistema inmune. Si se altera, comenzamos a desarrollar enfermedades relacionadas con este sistema. 

Factores negativos sobre la microbiota son: una mala alimentación, el estrés crónico, el sedentarismo, el abuso de antibióticos y al inicio de la vida: lactancia artificial (fórmulas), uso de antibióticos y nacimiento por cesárea. 

Hasta alrededor de los tres años nuestro sistema inmune se ha desarrollado, etapa en que podemos adquirir una buena programación de nuestra microbiota.  Investigaciones recientes han encontrado que la microbiota intestinal del recién nacido se programa durante el embarazo a través de la placenta, que el parto por vía vaginal la enriquece con los microorganismos maternos presentes en la vagina de la madre, asimismo  se refuerzan con los de la leche materna y tienen las características de la  microbiota materna. Por ello es importante que la embarazada reciba una alimentación saludable, diversificada, con suficientes frutas, hortalizas y alimentos que contengan grasas saludables. Que no contengan grasas trans ni glutamato monosódico ni otros  aditivos tóxicos. 

Se demostró que la leche materna no es estéril porque contiene una gran cantidad de bacterias beneficiosas para la salud del bebé. En los ochocientos mililitros de leche materna producidos diariamente, existen hasta diez millones de microorganismos que protegen al lactante de las infecciones al inducir el desarrollo de un sistema inmunológico eficiente. “Por el contrario, las fórmulas o preparados de alimentación artificial que existen en el mercado no disponen de ese conjunto de bacterias y, por lo tanto, el efecto modulador de la inmunidad y de otras funciones metabólicas es diferente” (Hoen AG, JAMA Ped, 2016)) . Comparando microbiota intestinal de niños alimentados con lactancia materna y con fórmulas artificiales, investigadores encontraron que la leche humana es un potente inductor de la maduración inmunológica, capaz de modular la colonización bacteriana neonatal, con efecto protector sobre las enfermedades infecciosas. Los niños alimentados con fórmulas tienen una probabilidad 17 veces mayor de ser ho
spitalizados por neumonía que los que han sido amamantados.

La combinación de cesárea, alimentación con fórmulas en los primeros seis meses de vida y antibióticos, produce retraso en el desarrollo y menor diversidad bacteriana de la microbiota. Sin embargo, se pueden lograr una microbiota y un sistema inmunológico saludables compensando con lactancia materna exclusiva los efectos del uso de antibióticos y del nacimiento por cesárea.

Cuando la OMS acepta cesáreas solo en 15% de los partos por indicación médica y a nivel mundial se practican hasta 50%, significa que los sistemas de salud están fallando. Tendríamos que medir las consecuencias de una microbiota débilmente programada e insuficiente del recién nacido como consecuencia de una cesárea innecesaria o antojadiza. 

Si la OMS recomienda lactancia exclusiva por seis meses y prolongada por dos años, el sistema de salud está fallando cuando solo alcanza 30% de los casos a los seis meses. Podríamos reflexionar: ¨Si yo, el doctor, receto una fórmula infantil a la madre indecisa en vez de aconsejarla, adiestrarla y apoyarla para conseguir una lactancia materna exitosa de su recién nacido, ¿estoy asumiendo mi responsabilidad cuando más adelante ese bebé desarrolle una enfermedad asociada al sistema inmune, como la diabetes tipo uno, por falta de lactancia materna exclusiva en los primeros seis meses de su vida?¨

* Médica Pediatra, Máster en Nutrición 
y Seguridad Alimentaria

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus