Adolfo Miranda Sáenz
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El mayor valor de un periódico está en la información que publica. Tan importantes son las noticias en sí, como tener la certeza de que lo que se dice en ellas sigue unos criterios periodísticos basados en la objetividad, la imparcialidad y la veracidad. Escribir información sin normas, sin límites, usando la especulación o motivado por los intereses propios del periódico, contradice la principal norma ética del periodismo: la objetividad. Las noticias deben ser información pura, no contaminada, manteniendo la objetividad, veracidad y un equilibrio o balance. Por eso a lo largo de la historia de la profesión periodística se han desarrollado códigos éticos que les ponen límites a los informadores, pero al mismo tiempo se les han concedido muchos derechos que van desde las exoneraciones de impuestos hasta la protección legal del derecho a informar.

Charles Prestwich Scott, famoso periodista inglés, anterior propietario de The Guardian, dijo acertadamente: “Los medios de comunicación son los ojos del ciudadano y la ventana a través de la cual ve; ejercen un extraordinario poder a la hora de poner los temas en las agendas políticas y sociales, encumbrar o enterrar a personajes y provocar o declinar decisiones. Su poder es tal que no puede encomendarse al azar, necesita de normas y pautas que lo controlen”. Los periódicos tienen una gran responsabilidad social al convertirse en el canal por el cual el lector accede al mundo y deben garantizar la certeza de que lo publicado es creíble. Estas normas que deben regir a los periódicos son válidas también para otros medios de comunicación.

Al leer un periódico el lector debe distinguir entre las secciones de información y la de los artículos de opinión. El lector debe saber que en la sección de opinión leerá comentarios que reflejan el punto de vista de un autor que no está obligado a ceñirse a las normas de objetividad, balance e imparcialidad, pues está expresando su criterio personal. El periódico no es responsable ni asume como propios los conceptos allí expresados. Y si el periódico tiene definida una simpatía u opción política, esta debe reflejarse exclusivamente en el editorial, donde expresa su posición, la cual obedece a una ideología o a una línea determinada que haya adoptado; por lo tanto el editorial es también una opinión, no una información. El lector no tiene por qué creer en las opiniones sino valorarlas desde su propio criterio.  

En cambio, cuando el lector -en las secciones informativas- lee una noticia, debería esperar que lo que lea –desde el titular- sea la verdad presentada con objetividad, imparcialidad y balance.

Debería encontrar solamente la verdad, simplemente, sin añadidos. Además, la verdad debe ser completa y solo ella, sin mutilaciones ni agregados. La información debería reflejar los hechos tal cual se dieron y las versiones de todos los involucrados, dedicándole el mismo espacio a todas las partes. La noticia no debe ir jamás acompañada de interpretaciones de analistas o comentarios de terceros, contaminándola de opiniones, ni con referencia a hechos del pasado que contaminen la realidad de los hechos del presente. No se debe irrespetar la inteligencia del lector tratando de empujarlo a determinadas conclusiones.

Al dar las noticias el periódico debe simplemente informar los hechos tal como sucedieron y dejar que el lector discierna por sí mismo la información, sin “inclinarlo” añadiendo comentarios a la noticia. En un periódico se puede analizar u opinar en los editoriales y artículos de opinión antes referidos, nunca en las noticias. Cuando un periódico presenta las noticias con trampas subjetivas como esas, está irrespetando al lector, manipulándolo, violando su derecho a ser informado con veracidad, y las “informaciones” así presentadas son una estafa periodística, pues en lugar de informar, se hacen campañas.

* El autor es Diplomado en Comunicación Social con énfasis en Periodismo.

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