Miguel De Castilla Urbina
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El pasado martes 9 de agosto, los nicaragüenses conmemoramos el Segundo Aniversario del fallecimiento de uno de los educadores de mayor prestigio y que más hondo calara en el ethos magisterial nicaragüense: el Doctor Juan Bautista Arríen.

Como Rubén Darío o Pablo Neruda, dejó para los estudiosos de su obra, su autobiografía, con el título de La vida más allá de Uno.  En esta obra, no solo describe  los días de su vida, desde la explicación de su propio nombre, hasta los días de inicio del Gobierno Sandinista en el año 2007, sino que formula, discute y propone el sentido de su propia Vida.

Filósofo al fin, para construir el concepto sobre su vida, Arríen toma lo esencial del Constructivismo de Lev Vigotsky, del Existencialismo de Kieerkegaard y Sartre y de la Antropología Filosófica de Max Scheler para con esos insumos concluir que la Vida (su vida) es una construcción social.  “La vida, dice,  es a la vez de Uno pero con los otros.  Mi vida es una, pero no solo mía, sencillamente porque la he hecho con multitud de personas que se han conectado con ella.  Es una vida compartida sin dejar de ser absolutamente mía”.

De su amigo, el sacerdote jesuita y poeta Ángel Martínez Baigorri, toma el siguiente verso como síntesis de su concepción sobre la vida y de su conexión con Dios: “Doy gracias a Dios, decía el padre Ángel, por la atroz felicidad de haber nacido, daré gracias a Dios porque me ha amado”, a lo que Juan Bautista responde y completa: “Doy gracias a Dios y a la vida, por la multitud de personas que han compartido conmigo su construcción”.

Con fundamento en esta idea filosófica y sociológica, acerca de que la vida no es de uno si no es con las otras personas de su entorno con quienes se ha construido la misma, Juan Bautista va hilvanando los siete capítulos del recorrido de su vida.

En el primer capítulo, nos cuenta sobre su nacimiento el 13 de mayo de 1931, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial en Durango-España y de su adolescencia y juventud; su ingreso a la Compañía de Jesús, su venida a América Latina, El Salvador, Ecuador y Nicaragua y sus encuentros con la educación,  la política y los nicaragüenses. El segundo y tercer capítulo de su obra se lo dedica a la Universidad Centroamericana (UCA). Ahí están las raíces de la UCA de hoy como institución educativa y cultural de primer nivel en Nicaragua.  Léase: la Revista Encuentro, la Editorial, el Bufete Popular, el Instituto Juan XXIII. La UCA durante el período insurreccional de los años setenta, siendo Vicerrector Académico y Rector.

El capítulo IV Juan Bautista se lo dedica a la Revolución Sandinista y a su roll como Director de Planificación en el Ministerio de Educación. En este período coordinó en compañía de Róger Matus Lazo la elaboración del libro Nicaragua: Diez años de Educación en la Revolución, sin duda la mejor y más completa obra sobre la experiencia educativa de la Epopeya. Igual en este capítulo relata cómo inició sus primeros contactos con la Unesco, para finalizar siendo hasta el día de su muerte Secretario Permanente de la Comisión Nicaragüense de Cooperación con esta Organización.

En los capítulos V, VI y VII, relata sobre su retorno a la UCA, sobre la fundación del Instituto de Educación de la UCA y de las principales tareas cumplidas con otros compañeros en los campos de la educación nacional, en los días de las múltiples luchas en contra del proceso de privatización de la educación pública nicaragüense, en los años finales del siglo XX en Nicaragua.  En el capítulo VI Juan nos cuenta sobre sus otras luchas frente al dolor producto del cáncer, la hepatitis C y la muerte de su hijo Xabier Ignacio. Nos habla del amor y sus amores y de sus familias de Nicaragua.

Hoy cuando quienes acompañamos a Juan Bautista durante el proceso de construcción de su vida, nos reunimos para recordar aquellos días, nuestro compromiso es que su nombre y su obra sigan siendo faro y ejemplo para las futuras generaciones de educadores nicaragüenses.

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