Jorge J. Jenkins
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No hay dudas del inmenso aporte científico, cultural y espiritual de los jesuitas en Nicaragua, y en particular del Colegio Centro América en la historia moderna nacional. El colegio cumple ahora 100 años de existencia.

Dotados de una insignia misionera humanista, de amor al prójimo, solidaridad con los desposeídos, disciplina, excelencia y desinterés personal, estos hombres ejercieron un apostolado educativo descollante, sin esperar ningún reconocimiento. Inculcaron en las distintas promociones de estudiantes los mismos valores éticos y morales, cristianos y sociales, en medio de una matriz rigurosa de estudio para adquirir el mejor conocimiento posible; rectitud y tesón que con el andar del tiempo y a través del ejercicio profesional de sus graduados permearon la cultura nacional de una forma silenciosa, pero decidida. Los fundadores del colegio fueron los padres Camillo Crivelli (1938 - 1946), de nacionalidad italiana; Antonio Stella, también italiano, y Bernardo Portas, español. El primer alumno del colegio fue el destacado poeta José Coronel Urtecho.

En el crisol de estas enseñanzas nos formamos muchas generaciones de profesionales nicaragüenses, algunos centroamericanos y de otros países. Todos reconocemos ahora la importancia de esa educación integradora y el sacrificio de estos educadores religiosos que sin horario se volcaron para darnos lo mejor de ellos mismos, lo mejor de sus conocimientos y experiencias, al igual que su cariño y auxilio espiritual.

Algunas promociones, como la nuestra de 1965, tuvimos la oportunidad de educarnos en el viejo colegio de Granada, a orillas del majestuoso lago Cocibolca, en un régimen de internado que ahora ha desaparecido. Ahí pudimos interactuar en forma más intensa con nuestros preceptores de varias nacionalidades, y desarrollar lazos de mayor cercanía, donde el ejemplo de su conducta a cualquier hora fue decisivo en nuestra formación. Pudimos constatar que lo que se predicaba también se practicaba, que había una coherencia entre lo que se creía, lo que se decía y lo que se hacía en la vida cotidiana. Ese ejemplo de integridad, honestidad y humildad caló hondo en todos nosotros.

Pero además de esto no se puede olvidar el aporte científico de algunos de educadores jesuitas en Nicaragua, como los del padre Bernardo Ponsol y luego Ignacio Astorqui; ambos hicieron importantes contribuciones a la flora y fauna nacionales. Este último apoyó las investigaciones sobre la fisiología y migraciones de los tiburones y peces sierra del lago, realizadas por el Dr. Thomas Thorson, de la Universidad de Nebraska. Nosotros de estudiantes vimos con frecuencia a estos tiburones en la pileta del patio del colegio, y asistimos a varias de las pruebas en el laboratorio instalado en la parte trasera del comedor del colegio. En los tiempos del padre Astorqui un aventajado y joven estudiante naturalista, alentado por el clima de estímulo a la investigación, consolidó sus colecciones y aportes en el campo de la herpetología: Jaime Villa. Muchas de las serpientes vivas la mantenía en su propio armario, y en una ocasión fuimos desalojados de los dormitorios por una víbora que se le había escapado a Jaime. Había 
entonces en el colegio laboratorios de química, física y biología, novedosos en la época, un bioterio y la mejor colección de estatuaria lítica precolombina, el famoso Patio de los Ídolos. Varios de los padres jesuitas escribieron libros de texto, como el libro de álgebra del padre Stella.

Por esos años los jesuitas del Colegio Centro América impulsaron la iniciativa de una especie de servicio social cristiano, con la finalidad de exponernos y sensibilizarnos con la problemática social fuera de los muros del colegio. Para esto realizábamos misiones a las comunidades pobres de Asese y de Caña de Castilla en Granada. Estos primeros contactos con el drama de los pobres y nuestro involucramiento en la solución de sus problemas deben haber influido en el compromiso revolucionario de algunos compañeros de nuestra promoción, como Johnny Bosh y Ricardo Orúe, héroes y mártires en la lucha antisomocista.

Por ello es que todos los que nos graduamos en el Colegio Centro América nos sentimos honrados y agradecidos con la iniciativa de la Asamblea Nacional para otorgar una medalla de reconocimiento a la noble labor educativa de este centro que cumple 100 años. Ojalá que esta hermosa iniciativa pueda extenderse a otras instituciones que lo merecen, al igual que a investigadores y científicos que han dedicado su vida al conocimiento y divulgación de nuestra pródiga naturaleza y sociedad.

¡Salud, Colegio Centro América!

Exalumno, promoción de 1965 .

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