Carlos Andrés Pastrán Morales
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El ser humano ha sido creado para ser alguien sociable, pues sin amigos uno no puede vivir, claro está. Necesitamos a muerte esa compañía y estabilidad que las además personas nos dan. Esa confianza para declarar quiénes somos, para ser nosotros mismos, para hablar y reflexionar, para vivir en conjunto, mano a mano, ayudándose recíprocamente. 

Sin embargo, hay personas que no conocen su camino, no se conocen a ellos mismos, no saben qué hacer, aun así, les damos una ayuda y a cambio recibimos una apuñalada en la espalda. Y aunque seamos jóvenes y eso pasa, nos duele. Decepciona. 

Sabemos bien que las experiencias de la vida son las que nos van moldeando y construyen la persona inestable que somos ahora, porque en cualquier momento podemos cambiar de parecer. A lo largo del proceso, conocemos gente que nos parece agradable, y mientras transcurre el tiempo las conocemos mejor, pero nunca se termina de conocer a alguien.

Puesto que a veces nos equivocamos y brindamos a esas personas sin valores nuestro apoyo incondicional, perdonamos el daño que nos hacen, lo volvemos a perdonar. Pero al fin y al cabo la ayuda que en un principio damos, la compañía, la confianza, todo, se pierde en acciones sin sentido alguno, acciones que reflejan falta de conciencia e inmadurez, acciones que en un punto nos decepciona a nosotros por haberle dado la mano a personas así y nos decepcionamos por cómo es esa gente. Pero, todo es una experiencia que se acumula. 

Lamentablemente, no se puede diferenciar a la gente tóxica, o al menos es difícil, pues caminan entre nosotros, los encontramos entre nosotros, hasta podemos ser nosotros. Creo que una manera fácil de reconocer la presencia de alguien así, es cuando se conoce su pasado, sobre las cosas malas que hizo, y si te promete que jamás las hará de nuevo, es probable que estés con alguien que hará algún mal, de nuevo. 

La reincidencia es parte de la vida humana, dicen los expertos, el hombre vuelve a golpearse con la misma piedra. 

Con mal me refiero a deshonrar lo que has hecho por esa persona, humillar, desconfiar, no valorar todo lo que uno da, lo que se sacrifica, cumplir lo prometido, arriesgar todo, sabiendo aun así que existe una gran probabilidad de que esas personas tóxicas vuelvan a hacer de las suyas. Porque dicen que los seres humanos también somos muy confiados, pero por eso la humanidad no cambia en muchos aspectos, como los principios. 

Lo peor de todo es que uno ya sabe cómo son las cosas, nos hacemos los nuevos y queremos creer lo que nos dicen porque nos agrada pasar con esas personas, pero eso no debe ser así, no se tiene que ser masoquista, aguantar y perdonar los errores unas mil veces, con una es suficiente para darse cuenta que la gente así no es seria, inmadura. 

Nosotros los humanos aprendemos de todo, cuando nos caemos y levantamos, cuando cometemos errores y los reparamos, cuando desconfiamos y confiamos, cuando nos hacen algún mal y aun así perdonamos. 

Pero a pesar de todo, el mundo no se detiene por problemas insignificantes, que en un momento no lo vemos de esta forma, pero son así. Los sentimientos son importantes, pero no es lo fundamental. 

Es mejor pensar las cosas antes de hacerlas, saber en quién confiar, con quién juntarse, quiénes me hacen daño, quiénes que me quieren hacer mal, porque en la vida se encuentra gente de todo tipo y cuando no se puede cambiar a la gente y al mundo, entonces hacerse un entorno de gente positiva, entusiasta, alegre, de valores, de principios, que quiere mejorar, que quiere un mejor país, un mejor mundo, pensar entonces en positivo. 

Por eso me gusta una expresión de Lola Hernandez Rivas: “Si deseas que en tu vida se manifieste la magia, dale una oportunidad a tus sueños, piensa en positivo el mayor tiempo posible, ten actitud positiva y cree en ti mismo, te sorprenderás”. 

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