Miguel Carranza Mena
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Recientemente la imagen del niño sirio Omran Daqneesh, rescatado de los escombros de un edificio en la ciudad de Alepo, ha dado la vuelta al mundo por la crueldad de la guerra reflejada en la mirada triste y desconcertada de este inocente.

Siria lamentablemente se encuentra desde 2011 en tres frentes de guerra: los rebeldes sirios, financiados por Estados Unidos que luchan contra Bashar al-Asad para sacarlo del poder;  los terroristas del Estado Islámico, sospechosos también de ser financiados por Washington, y cuyo principal objetivo es controlar parte del territorio sirio para establecer su autoridad religiosa sobre todos los musulmanes, pasando por encima de los rebeldes y el propio Gobierno de Damasco; y un tercer grupo es el “Frente Al-Nusra” o “Jabhat al-Nusra”, una organización terrorista asociada a

Al Qaeda, formada en 2012, también para luchar contra Al-Asad.

Esto sin duda ha generado una ola de violencia y de refugiados hacia Europa y el camuflaje de los terroristas entre ese mar de gente. Sin embargo entre todo este alboroto, la Federación de Rusia, encabezada por el presidente Vladimir Putin, dirige su esfuerzo para establecer la paz en el país árabe, promoviendo el diálogo entre Al-Asad y la oposición;  al  tiempo que extermina a los fundamentalistas de EI.

Pero contradictoriamente es a Moscú que la prensa occidental como la española ABC han  acusado de ser el autor del ataque aéreo en Alepo, donde el pequeño Omran  Daqneesh fue rescatado con vida.

Estas acusaciones no son nada nuevo, porque desde que iniciaron los ataques aéreos rusos contra los terroristas, a finales de septiembre de 2015, ya la prensa afín a la Casa Blanca acusaba a Moscú de causar la muerte de civiles en Damasco.

El Ministerio de Defensa ruso, no obstante, ha aclarado con mucha franqueza el pasado 19 de agosto, que las aeronaves que participan en el operativo antiterrorista en Siria nunca bombardean objetivos situados en ciudades y zonas pobladas. Lo que nos lleva a la conclusión de que son otras fuerzas armadas las que están causando el dolor a los ciudadanos sirios.

Recordemos que los opositores al Gobierno de Al-Asad, asentados en su mayoría en Alepo también libran una batalla a muerte contra el EI, lo que evidencia que esos ataques donde el niño Omran Daqneesh quedó sin familia fueron perpetrados por los extremistas.

Expertos militares han señalado que los daños en el edificio donde se encontraba Omran, corresponden a una explosión de un cilindro de gas o de una mina tal como suelen hacer los terroristas del EI, sin embargo las acusaciones siempre van hacia Rusia porque esa es parte de la guerra informativa que mantiene occidente contra el país euroasiático.

Ante esta reacción de Washington, analistas coinciden en que “La Casa Blanca” sigue irritada porque Rusia actúa en Siria en concordancia con el derecho internacional, algo que no es posible decir del bombardeo de su coalición que posiblemente sí ha causado muerte de civiles sirios. 

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