Lesli Nicaragua
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¿Qué pasa cuando la opinión pública desea creer algo sin los fundamentos necesarios para construir la razón? Se cae en el territorio de lo verosímil, pero nunca de la verdad, que es, al fin, con lo que se construye el conocimiento, al menos el científico, aceptado por todo humano. Esta ilusión de la realidad es lo que se conoce, en semiología discursiva, como la noticia deseada.  

Lo que se desea creer en detrimento de lo demás, que queda oculto —que bien puede ser la verdad—. A esto Lacan llamó la oclusión, que es ayudada por lo que se emite en algunos medios que sacan provecho del suceso —acá tenemos dos telediarios que ya son símbolo de ello— y por lo tanto contribuyen a la gestación de esa “otra verdad”. Una superestructura sicosocial que permanecerá creyendo lo que le convenga.  

Esto es lo que ha sucedido con el caso del cirujano estético David Páramo. Desde que se supo la noticia de la terrible muerte de su paciente, Páramo ya era culpable en el subconsciente colectivo. ¿Por qué? A esto coadyuvó una serie de antecedentes médicos recientes en los que doctores denunciados de mala praxis salieron sobreseídos. Porque el gremio médico es un muy unido, sólido, y siempre se le ha referido con una imagen sacrificial, incapaz de equivocarse o hacer daño. Y siempre ha sido esa su defensa: “Estamos para salvar vidas”, como dijo esta semana un líder de este colectivo. 

Sin embargo, en los casos referidos de negligencia se miró un sesgo que dejó muchas dudas sobre la imparcialidad de los médicos presentados como especialistas para auditar la praxis acusada. No digo nombres porque los referentes son muy recientes y no quiero caer en el morbo de la apología de la revictimización. Ni es este un escrito que busque eximir o condenar a nadie. Solo un somero análisis del discurso creado, aceptado y creído, alrededor de un caso sumamente claro, pero difícil.

Según las indagaciones, el cirujano es culpable —aunque habría que tomar en cuenta la presión colectiva sobre los investigadores del caso, quienes aquí se juegan su prestigio/desprestigio—. A esto hay que sumar los “deseos” societarios de que por al menos esta vez se castigue a algún representante de este gremio, después de varias denuncias sin progreso judicial, y que el médico ya había sido señalado de negligente. 

Lo que alegan sus colegas es que la muerte de la paciente no se debió al procedimiento en sí, sino a un evento posoperatorial que puede ocurrir en cualquier intervención. Además, Páramo no estuvo nunca solo en toda la cirugía y siguió el protocolo pre y posoperatorio. Esto incluye advertir de los posibles efectos durante y después del procedimiento.  

Lo que el público da por hecho es lo deseable, que no está muy lejos de lo verosímil. El semiólogo Christian Maetz lo define como “el conjunto de aquello que es posible para la opinión común y está definida con respecto a discursos”. Y estos llevan una doble vertiente, la que emite el medio y la que quiere oír/leer la gente, que “casualmente” coinciden, por lo que los receptores creen coproducir la noticia deseada. Y cuando este ciclo se cierre, comenzará otro, puesto que las creencias cambian debido a que los intereses profundos de la esfera societal cambiaron antes, solo para crear otras noticias más deseadas. 

Periodista y escritor
leslinicaragua@yahoo.com

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