Jorge Eduardo Arellano
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Con José Joaquín Quadra Cardenal (Granada, 2 de junio, 1925-Managua, 20 de agosto, 2016) estuve vinculado por fuertes razones de parentesco, amistad sincera y auténtico cariño. Granadino orgánico, José Joaquín estaba destinado a ser hijo predilecto de nuestra ciudad a causa de sus verdaderas dimensiones. ¿Y cuáles son estas? En primer lugar, su ejemplaridad familiar y cristiana, fiel a unos valores arraigados desde el siglo XVIII y que él mantuvo firmes e incólumes, en virtud de su práctica diaria. De ahí su presencia propulsora en asociaciones, cofradías, centros de beneficencia en la Junta Pro-Reconstrucción de la Catedral.

En segundo lugar, su trayectoria de servicio comunitario y cívico, sin par en nuestros días, que comprendió participaciones decisorias en el Cuerpo de Bomberos y en el club de los Leones, en el Comité Departamental para atender a los damnificados del terremoto de 1972 y en la Fundación “Salvemos Granada”, por citar las más conocidas, pero no la más relevante. Esta fue la campaña que José Joaquín desarrolló en los años 50, con una increíble energía, para establecer en Granada el sueño de varias generaciones: la Universidad Católica (institución que se concretó en la Universidad Centroamericana, de cuya junta directiva fundadora fue uno de sus miembros al lado del padre León Pallais y del ingeniero Alberto Chamorro).

En tercer lugar, su vocación patriótica y educacional de promover el conocimiento de nuestras raíces y glorias nacionales. En efecto, a José Joaquín se le deben iniciativas creadoras que no han sido superadas: desde el álbum a color “Conozca Nicaragua”, pasando por sus revaloraciones parlamentarias de los héroes patrios Rafaela Herrera y Enmanuel Mongalo, hasta La Prensa Infantil. En otras palabras, su proyección educativa permaneció ligada siempre a sus actividades periodísticas y culturales, a las cuales hay que sumar otras iniciativas en la prensa, la radio y la televisión que no es preciso referir. Solo quiero recordar su gerencia en Semana (1950), primer semanario moderno del país, y el suplemento La Prensa deportiva —ambas publicaciones de La Prensa— más sus tareas relacionadas con el hispanismo institucional.

Y José Joaquín, persona y caballero, amigo y ciudadano,  ejerció estas misiones con el estilo propio de su familia. Un estilo vinculado al mestizaje y a la tradición rural; no adquirible sino heredado; un estilo cuyos representantes poseen —y logran mantener con personalidad— proyectándola en una conducta proba y honesta, conciliadora y civil, abierta y digna, exenta de vano orgullo.

Un estilo que ha caracterizado a los Cuadra, cuyo carácter intelectual lo refleja el hecho de haber aportado más autores de libros y folletos que cualquier otra familia nicaragüense. He aquí un estilo que incluye la ilustración al servicio de la política y, en última instancia, de la conciencia nacional y que tiene trascendentes revelaciones en el humanismo socrático y cristiano del doctor Carlos Cuadra Pasos (1879-1964), padre de José Joaquín, y en la universalidad poética de su hermano Pablo Antonio (1912-2002). No en vano fue admitido como miembro honorario en nuestras dos academias. 

Ese mismo estilo presidió sus acciones políticas, sustentadas en dos actitudes: la moderación y la mediación. Pero vale destacar el movimiento renovador —de tendencia social cristiana— fundado por él dentro del conservatismo el 13 de febrero de 1952 e iniciado con todo el entusiasmo juvenil de su generación. Este movimiento, gracias a José Joaquín, su primer presidente nacional desarrollaría un estilo democrático de trabajo  y constituiría un vigoroso frente de oposición cívica a la dictadura. Tras la muerte de Tacho, Juventud Conservadora logró su mayor nivel de crecimiento abarcando todos los departamentos del norte, centro y pacífico del país. Además, proclamaría —entre otras necesidades democráticas— la apoliticidad de la Guardia Nacional, la independencia judicial, la libertad sindical, el salario mínimo, la autonomía municipal, la universitaria y la del seguro social, la vivienda popular y la solución cristiana al problema agrario.

Mucho material histórico útil me facilitó José Joaquín. Uno de ellos fue su comprimida autobiografía. Allí evocó, entre otras cosas, su experiencia en el Ingenio San Antonio donde laboró como cajero a partir de los 21 años: de 1946 a 1948. Otro: algunos artículos de su hermano de padre el cronista Alejandro Cuadra Mendoza (1908-1958), incorporados al volumen Tipos, lugares y costumbres (2004), donde se rescatan las mejor crónicas de Cuadra Mendoza. 

Reciban su esposa doña Gladis Sandino Muñoz y sus ochos hijos (José Joaquín, Gladis, Xiomara, Ruth, María Isabel, Miguel, Xavier y Carla Omega) mis condolencias. 

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