Miguel Carranza Mena
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Los atropellos a los derechos humanos, la corrupción, la migración  y el creciente número de fascistas en Kiev hacen que Ucrania esté lejos de pertenecer o calzar en la comunidad europea y por supuesto de occidente, si consideramos que en Europa y Estados Unidos “privan los derechos humanos y la democracia”.

Traigo este tema a la opinión por la creciente preocupación de la UE y de EE.UU por las tensiones entre Kiev y Moscú, que podrían derivar en un conflicto bélico, tras el frustrado atentado con explosivos en la península de Crimea el pasado 10 de agosto.

Si hablamos de que uno de los ideales de la Unión Europea y EE.UU. es el respeto a la democracia, Kiev queda aplazado con el golpe perpetrado al  presidente Víktor Yanukóvich en 2014 por el grupo fascista Pravy Sektor.

A esto se le suma la quema de la Casa de los Sindicatos en Odesa (la tercera mayor ciudad de Ucrania) en mayo de 2014,  donde 31 personas antiMaidán (en contra del tratado con la UE) murieron atrapadas en el edificio mientras ardía. Este hecho también se les achaca a los fascistas que son apoyados por el actual presidente ucraniano Petró Poroshenko.

Curiosamente desde que se dieron estos hechos, Ucrania no ha ingresado a la política de libre de aduana con la UE, mucho menos se les ha eliminado el visado a sus ciudadanos para que viajen libremente por Europa. 

Pero qué hace preocupar entonces a la UE y EE.UU. sobre la situación en Ucrania, si el bloque no ha ingresado a este país a su libre comercio y visado. 

Expertos señalan que Ucrania es la más importante de las repúblicas exsoviéticas y una pieza clave en el entorno estratégico que involucra un plan desestabilizador para su vecino Rusia. Tener el control de Ucrania, a través de un Gobierno manejable, le da tranquilidad a Washington para evitar el crecimiento político económico y estratégico de los rusos y chinos (China Continental). 

Expertos han advertido que Zbigniew Brzezinski, asesor de Seguridad Nacional durante el gobierno del presidente Jimmy Carter, y uno de los maestros de la política exterior norteamericana, ha abogado por la incursión en Ucrania  precisamente para evitar el fortalecimiento de la Federación de Rusia. 

Es ahí la preocupación de Estados Unidos y la UE por Kiev, que lejos de ser una preocupación genuina por el bien de sus ciudadanos, es una preocupación política para asegurar el control hegemónico y militar en esa parte del mundo. Kiev no encaja en sus ideales democráticos, pero sí para sus intereses estratégicos en la región. 

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