Adolfo Miranda Sáenz
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Como ha dicho el papa Francisco, la Iglesia no es un partido político, ni los sacerdotes y religiosos toman partido a favor de una u otra opción política concreta, lo cual es tarea de cada laico católico que debe decidir –en cada caso- según su conciencia. En Nicaragua así lo han destacado nuestros obispos en su último mensaje. El magisterio propio de los obispos señala principios y valores cristianos que orientan a los fieles laicos para que cumplan de la mejor manera su tarea evangelizadora y santificadora del mundo, de la sociedad política, según su conciencia y capacidades, teniendo como referente indispensable la doctrina social de la Iglesia que debe ser conocida, estudiada y predicada eficazmente.

La doctrina social de la Iglesia, que se fundamenta en el Evangelio de Jesucristo y es enseñada por el Magisterio de la Iglesia, especialmente en los últimos tiempos por las Encíclicas Sociales de los Papas, está destinada en primer lugar a sus propios miembros, pero también tiene un destino universal, pues la luz del Evangelio que la doctrina social hace brillar en la sociedad, ilumina a todos los hombres y mujeres. Todas las conciencias e inteligencias están en capacidad de acoger los principios y valores en ella expresados, así como el humanismo de sus normas para una acción social efectiva. Así pues, todos, en nombre del hombre y la mujer, de su dignidad única, y de su tutela y promoción en la sociedad; todos, en nombre del único Dios, creador y fin último del ser humano, somos destinatarios de la doctrina social de la Iglesia. Esta doctrina es una enseñanza dirigida a todos los hombres de buena voluntad y es escuchada por los miembros de otras iglesias, comunidades eclesiales, seguidores de otras tradiciones religiosas y por personas que no pertenecen a ningún grupo religioso.

La Iglesia católica, formada por sacerdotes, religiosos y laicos, es la primera destinataria de su doctrina social, la cual interpela nuestras conciencias, ilumina con la verdad moral y suscita respuestas apropiadas según la vocación y el ministerio de cada cristiano, los cuales son diferentes en los laicos, en los religiosos y en los sacerdotes, que son llamados por Dios a tareas diferentes o a realizar las mismas de diferentes formas. Para realizar la tarea de evangelización, es decir, de enseñanza, de catequesis, de formación, que la doctrina social de la Iglesia promueve, está llamado todo cristiano sin excepción, según sea su competencia, los carismas, el oficio y la misión evangelizadora propia de cada uno.

La doctrina social implica responsabilidades relacionadas con la construcción, la organización y el funcionamiento de la sociedad: obligaciones políticas, económicas, administrativas, es decir, de naturaleza secular, propias de los fieles laicos, no de los sacerdotes ni de los religiosos. Las actividades de naturaleza secular son aquellas propias de la sociedad humana que no son específicas de la religiosidad y son compartidas por toda la humanidad y sus estructuras socioeconómicas. Son las cosas “del mundo” al que se refirió Jesús en oración por nosotros al Padre: “No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del mal”.

La Iglesia está dentro del mundo y actúa santificándolo por medio de los laicos (Lumen Gentium 34). La responsabilidad de optar por una u otra opción política compete a cada laico según su conciencia, por su condición secular, su estado de vida y la índole secular de su vocación. Los obispos iluminan a los laicos con su magisterio, recordándoles los principios y valores de la doctrina que debe guiarlos, sin anularlos ni sustituirlos en el discurso político y la acción política que a los fieles laicos corresponde (Compendio DSI 83).

Abogado, periodista y escritor.
www.adolfomirandasaenz.blogspot.com

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