Carlos Andrés Pastrán Morales
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Trata de imaginar una Nicaragua distinta de lo que vemos a diario, distinta a lo que nos muestran los periódicos y noticieros, distinta a como hemos visto por el momento a nuestro país. 

Una Nicaragua alejada de la modernidad y de la capital, salvaje, llena de personas que tratan de sobrevivir en las peores condiciones, personas como vos y yo, jóvenes, adultos, viejos, trabajando a expensas del ambiente en sus alrededores para poder llevar unos cuantos centavos a casa. La relación entre el ser humano y la naturaleza, cómo coexisten y los problemas que enfrentan, describen lo que se vive lejos de los pocos edificios y el tráfico de Managua. 

Gracias a la Universidad Centroamericana (UCA), y como parte de mis estudios de ingeniería ambiental, siete estudiantes estamos viviendo una experiencia inolvidable, con otros once alumnos de la universidad de Seattle, de Estados Unidos. 

Se trata de un curso de los distintos ecosistemas de Nicaragua, en el cual viajamos diariamente a diferentes comunidades que viven rodeadas de la naturaleza, para saber cómo esas personas tratan de sobrevivir, de que trabajan, que hacen, y a la vez reflexionamos acerca de los problemas que esta gente enfrenta diariamente, además de aportar ideas para ayudarlos a ellos y al medio ambiente que las rodea. 

No muy lejos de la ardiente Managua, cerca de la Reserva del Chocoyero y las pequeñas montañas de Ticuantepe se está cultivando piña y pitahaya. Según los granjeros que viven en la zona, la piña no se exporta debido a los químicos que se le agregan a la planta para que la producción de fruta sea más rápida, en cambio, las pitahayas son orgánicas y tienen un gran consumo nacional y se está exportando a varios países vecinos. La gente en esta comunidad se alimenta de la producción misma y de dos ríos que se unen y abastecen a todos los hogares de la zona. La mayoría de las personas en la comunidad viven en la pobreza, debido a la dependencia del cultivo y los pocos ingresos que estos a veces tienen. 

En dirección contraria, hacia el norte, las situaciones son algo parecidas. Muchos campesinos en la zona rural de Tuma-La Dalia poseen pequeñas parcelas en donde se cultiva el café principalmente. En estas granjas, cuentan los dueños que cortan café y obtienen el grano de manera artesanal. 

Lastimosamente la mayoría de la producción de café, o sea, casi todos los granos están contagiados por la plaga llamada Broka, que deposita sus huevos dentro y estos hacen que se pierda la calidad del producto. Sin embargo, los campesinos están más entusiasmados por la próxima recolecta ahora entre septiembre y noviembre, porque se está pagando más que el año pasado por cada quintal que se venda. Las personas viven a su manera, en pequeñas casas en donde a los niños se les enseñan todo sobre el café y los cultivos, con el contrargumento de que no se le da la debida importancia de la asistencia de los niños en las escuelas. Las lluvias por esas zonas están constantes. 

Bajando a lugares más calientes, en Chinandega, específicamente en el Puerto Morazán, las personas dependen de la producción y venta del camarón, aunque existen otras actividades como la extracción de leña de los manglares. Hoy en día el 80% de la actividad del camarón está ocupada por empresas privadas. 

Muchas personas dependen de la producción y de los cultivos en el ambiente cercano, pero a veces este no abastece toda la necesidad de la población por lo que siempre la gente vive en pobreza y no tienen acceso a ciertos estudios, universidades o escuelas. Pero no todas las actividades viven en armonía con el ambiente, por ejemplo la extracción de leña, actualmente se ha consumido el 50% de manglar desde que se empezó esta actividad. 
Los leñadores dicen que ellos están conscientes del daño pero que no tienen otra alternativa para conseguir dinero rápidamente y mantener a su familia. Cuentan que hay programas de reforestación pero esta no es eficiente y muchos de los árboles plantados no crecen y mueren. Algunas organizaciones e instituciones del gobierno están en contra de esta actividad de extracción como el MARENA pero si se inclinan más de un lado que el otro, ambos sectores tendrán problemas. 
Es una experiencia extraordinaria y hay mucho para contar. Mientras sigo recorriendo Nicaragua con los amigos de la UCA, mis saludos y mi respeto a todas estas personas. Después les contaré las otras experiencias. 

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