Migdonio Blandón B.
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La Iglesia  Católica y de manera especial la Parroquia de San Agustín de la Arquidiócesis Metropolitana están de duelo por la defunción, este 26 de Agosto, de Monseñor Benito Pitito La Bella, uno de los auténticos valores cristianos.   Italiano de nacimiento y Nica de corazón, por propia y honorífica adopción. Ya habiendo adquirido varios títulos académicos, por vocación ingresó al seminario; y por gracia de DIOS y espíritu misionero vino a esta tierra.

A pocos meses de su ingreso al seminario de Granada, obtuvo su consagración sacerdotal y con  entusiasmo ingresó al servicio eclesial. La primera parroquia que se le asignó fue en el poblado de Sabana Grande, donde se dio por entero al servicio de la comunidad; y entre otras cosas participó en la construcción de la Iglesia anterior, de escuelas,  colaboró en los servicios de salud,  en el ornato e incluso en la construcción del cementerio.

Su servicio, en todo concepto fue incondicional; y sintiéndose como  del lugar, allí en dicho cementerio, pidió que al término de su existencia fuese su sepultura; por lo que habiendo cumplido a cabalidad su misión cristiana, siendo siempre incondicional como un verdadero cristiano en todo y con todos, haciendo propio el mandato divino de amar a DIOS y al prójimo como a sí mismo, al ser llamado por él  SEÑOR y  sus restos en dicho cementerio ya descansan. 

Su otra Parroquia fue San Agustín, donde  estuvo siempre a su servicio  dispuesto a  todo hasta el de su vida  terrena hasta al poco tiempo de haber cumplido sus 84 años de una fructífera existencia, la que en casi una década, habiendo sufrido delicadas operaciones,   con valiente resistencia supo llevar la cruz de sus enfermedades, sin descuidar su compromiso eclesial. Construyó un Colegio, la Casa Parroquia y el Santuario Perpetuo.

 Posteriormente, para nuevas innovaciones, ya en su estado crítico tuvo la ayuda de  excelentes vicarios.

A pesar de su larga y delicada enfermedad y el peso de sus  años, siempre estaba en disposición de servicio no solo en la parroquia, pues con frecuencia venían personas a buscarle a su domicilio a toda hora, para llevarlo aun a los suburbios a visitar a alguien en estado agónico para darle la   Extremaunción, estando en todo el tiempo dispuesto aun a sacrificarse  por su prójimo como verdadero cristiano.  

Ahora él disfruta con los bienaventurados del premio eterno que El Divino REDENTOR ha  ofrecido a los que  saben vivir a plenitud su doctrina de amor, para al término de la existencia terrena, que es ineludible para todos, estar con ÉL y los bienaventurados por la eternidad en su Reino de amor y de paz y que el duelo auténtico sea ejemplo para todos.

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