Orlando López-Selva
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

La semana pasada, el presidente mexicano Enrique Peña-Nieto tomó la decisión (¿o siguió el consejo desatinado?) de invitar a la ciudad de México al contendiente republicano Donald J. Trump.

¿Cuál era el objetivo de esa invitación que le hizo lucir inhábil políticamente y poco digno?

Por su parte, ¿qué pretendía conseguir el candidato republicano  yendo al lugar que él ha vilipendiado tanto y donde nunca ofrecería una disculpa pública, mucho menos daría muestras sinceras de respeto y cortesía?

Creo que ambos no lograron beneficio político alguno.

Es evidente, el presidente mexicano ha estado mal asesorado en cuando al manejo de su imagen. No ha podido lidiar con temas punzantes y virales: la corrupción; el mal manejo de la crisis de los estudiantes desaparecidos de Oaxaca; la cadena de desatinos cometidos en el trato al “Chapo” Guzmán; y el asunto de su esposa de gastos y gustos ostentosos. Y hay otros más, ligados al manejo de la economía; los favores a ciertas inversiones extranjeras; y su evidente desatención hacia los conflictos sociales en los que algunas autoridades judiciales y policiales han cometido arbitrariedades.

Nada raro es que la popularidad de Peña-Nieto ande por el 23%.

Independientemente de la cortesía diplomática --y conociendo el nacionalismo del que se ha jactado México, desde Villa, Zapata hasta Lázaro Cárdenas o García Robles-- no creo que ningún mexicano, desde los más enconados críticos e intelectuales como Enrique Krauze o Jorge Castañeda, hasta el último campesino de Quintana Roo o Campeche, habría soportado sin chistar la presencia de un aspirante presidencial norteamericano, que pisara su tierra, conociendo sus  denigrantes posturas hacia México y los mexicanos.

¿Debió dar disculpas Trump?

Sí. Pero si no lo quería hacer, Peña-Nieto las debió haber exigido. ¡Terrible¡ El mandatario mexicano olvidó su dignidad nacionalista para --en nombre de la república y la nación más grande de habla hispana (135 millones de personas, más los que viven en Estados Unidos)--, exigir una disculpa pública al candidato republicano.

¿Fue Peña-Nieto flojo, débil y permisivo?

¡Indudablemente!

Él es Jefe de Estado en su propio patio. Bien pudo haber establecido las reglas del juego.
¡Cómo falló ahí la buena consejería diplomática mexicana!

Por su parte, Trump y sus asesores, no aprovecharon la oportunidad para sacarle rédito a una vista que le habría podido lavar la cara, después de tantas cosas dichas contra el pueblo, la república y la cultura mexicanas.

¿Es que acaso los asesores y estrategas de Donald Trump no saben que, para ganar las elecciones presidenciales, deben, necesariamente, contar con los votos latinos?

Sin esos votos no ganaría jamás. El voto anglosajón ya no es suficiente.

Retomar un crie de coeur, --como dicen los franceses-- para convertirlo en una plataforma de lucha política, no basta. Es determinante obtener votos mayoritarios para ganar. Y parece que los republicanos han olvidado que ya la composición étnica de Estados Unidos se ha revertido.

Tampoco basta el populismo  que impulsa Trump, argumentando que el daño causado a la economía norteamericana, no yace en que las grandes industrias hayan dejado a muchos obreros sin empleo tras marcharse al extranjero.

No.

No soy economista (lo que me lleva a confesar la vulnerabilidad de este argumento): Washington ha olvidado que ha perdido ímpetu desde que ha invertido cantidades billonarias en sus incursiones militares en Kuwait, Afganistán e Iraq. Así como ha desconocido que los otros países crecen porque han sabido aprovechar mejor los impulsos globalizadores: libre comercio, des-proteccionismo, flujo libre de capitales, etc.

Paradójicamente, a medida que pasa el tiempo, aumentará el número de países desarrollados; mientras que las grandes potencias económicas tenderán hacia tasas de crecimiento moderadas.

Quiero decir: no habrá una potencia que siempre crezca incontrolablemente. No. Es antinatural. Siempre habrá límites.

¿Acaso no es la economía clásica la que sugiere que hay “una mano invisible” que regula cualquier desbalance?

Y volviendo a Trump. El sí desaprovechó su visita a México. Pudo haberse reconciliado siendo humilde y amable en tierras aztecas.

En Estados Unidos, nadie que tenga la piel menos clara dará su voto consciente para que Trump sea el próximo Presidente norteamericano.

El poder político solo se consigue por el número mayoritario de votos; no es una contienda de impulsivas actitudes nacionalistas o de acopio de grandes capitales.

Peña-Nieto y Trump  echaron al traste una gran oportunidad para mejorar la precaria imagen que ambos proyectan. ¿Fue todo un mal show diplomático…una comedia de errores políticos?

Aclaración literaria: esto no sucedió en Éfeso. Es un evento político de impares vecinos.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus