Salomón Manzanares Calero
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Los tiempos han cambiado, y es más que obvio. Así también los métodos de enseñanzas y aprendizajes en los centros de estudios superiores. No se puede negar que para muchas personas la presión para el estudio hace más de dos décadas fue muy efectiva. No niego que en varias ocasiones por una u otra razón haya sentido una ráfaga de varejón o una vara voladora cerca de mis pies. No había Código de Niñez y Adolescencia, ni Código de la Familia, pero sí padre y madre que pretendieron incurrir la buena educación para bien personal. Aquella humilde escuela fue escenario para afinar en el sistema de educación formal, la que enseña el 1, 2, 3 o el A,B,C…

El avance tecnológico y por ende las relaciones humanas han dado un nuevo giro, el cual descarta aquellas formas de aprender de hace muchos años. Hoy en día hasta las leyes prohíben los castigos físicos y psicológicos, pero también la persecución de organismo que protegen dichos derechos. Y no es que esté en contra de ello, sino la valoración y justificación con que muchas veces se actúa. 

Armando Orozco es docente en una escuela de Chichigalpa, y es de la opinión que muchos tutores mandan a los menores a las escuelas para quitarse el peso de lidiar con ellos en la casa. Es una forma de no asumir responsabilidades como padres o madres de familia. En la escuela, el niño aprende las ciencias, sin descartar buenas costumbres. Sin embargo, es en la casa en donde se enseña moral, buen comportamiento psicológico, respeto a los mayores, tolerancia a las opiniones de los demás, no tocar lo ajeno y no dañar la propiedad pública y privada. 

Pero qué hacemos como docentes ante situaciones complejas en el aula? ¿Es necesario usar la violencia para controlar el grupo? O es mejor dejar que los chavalos hagan su gusto?. Es complicado. Hay ocasiones en que alguien llega de mal humor, contesta con violencia, discute con los demás, se niega a hacer los trabajos prácticos, sus gestos faciales demuestran negatividad, sale constantemente del aula o interrumpe sin justificación. Y nunca faltan aquellos “dirigentes estudiantiles” que sinvergüenzamente exigen nota no obtenida. Son problemas serios que traen del hogar, malas relaciones familiares y quizá llegan a creer que con violencia en el aula los va a resolver. 

Actuar de igual manera, me quita la autoridad como educador. Es difícil proceder con mucha tolerancia, pero se puede. La violencia genera reacciones en el escenario y crea prototipos en los estudiantes ya que no se les escapa nada. Perciben semiótica, captan palabras y aprenden a analizar. Al mismo tiempo hay otro escenario. Y es que se usa el aula como refugio de la violencia sexual y física. Ahí el reto de saber comprender los patrones conductuales de aquella persona que busca refugios. 

Si una educadora no tiene la capacidad de tolerancia ante un grupo de estudiantes, es mejor renunciar a tal apostolado. Este docente debe saber cómo se desenvuelve la sociedad, la tecnología para el conocimiento. La masificación de la educación; una oportunidad para que todos puedan acceder a ella, la diversificación, sea esta pública o privada, la globalización y el currículo recurriendo a los ejes trasversales, sobre todo que se vincule con elementos del respeto humano, se reconozca al docente aunque este también carezca de herramientas para la enseñanza. Además tiene  familia y experimenta emociones.

Educar es un reto muy complejo. “Instruir puede cualquiera, educar solo aquel que sea un evangelio vivo”, dijo el poeta cubano José Martí. 

*Periodista.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus