Jorge Eduardo Arellano
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El sábado 3 de septiembre asistí, en la Casa de Cultura Alejandro Vega Matus, de Masaya —con la máster Ligia Madrigal Mendieta, tesorera de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua—, para presenciar un ensayo de la comedia-bailete El Güegüense, de la cual Ligia es madrina y vocera honoraria. Coordinado por el folclorólogo Enrique López Rodríguez desde 2011, el espectáculo callejero vale la pena. No solo impresiona el rico y brillante vestuario, sino su fidelidad a la trama barroca de la farsa indohispana del siglo XVIII, especialmente a los parlamentos de la más conocida versión en su españáhuat original: la transcrita en 1874 —fusionando dos manuscritos— por el americanista alemán Carl Hermann Berendt (1817-1878).

Como se sabe, el poseedor de ambos manuscritos era el primer lingüista nicaragüense Juan Eligio de la Rocha (1815-1873), fallecido un año antes que Berendt realizara su transcripción. Además de esta versión, el grupo de la Mayordomía de El Güegüense en Masaya no desconoce la otra versión en españáhuat y con un personaje más —el Arriero—, copiada en el Hotel Ascarate, de la misma ciudad de Masaya, por otro americanista alemán Walter Lehmann (1878-1939). Entre el 13 y el 18 de diciembre de 1908 tuvo lugar esa transcripción de otro original manuscrito de El Güegüense, datado el 29 de junio de 1867 y propiedad de Ramón Zúñiga. Igualmente, dicho grupo (cuyos miembros se reconocen como MAYGÜEMAS) tienen en muy alta estima el hecho de que Lehmann haya sido testigo en el barrio de Monimbó de una representación completa de la obra maestra del teatro folclórico de Mesoamérica. 

Otros datos precedentes toman en cuenta los MAYGÜEMAS de Masaya: los testimonios del escritor nicaragüense Enrique Guzmán en 1892 y del médico estadounidense, radicado en el país, Earl Flint. Si el primero vio escenificarse El Güegüense en 1867, el segundo registró en 1883 que la costumbre de su montaje había sido abandonada debido a las ruinas económicas de sus mayordomos o mayordomas. “Y probablemente —concluía— no resurgirá, al menos en su antiguo esplendor”. 

De ahí que los MAYGÜEMAS, sustentados en la cohesión comunitaria que caracteriza a los habitantes de la capital del folclor del Pacífico nicaragüense, se hayan comprometido a restaurar la tradición de las representaciones de El Güegüense. Así ellos, con esta pieza de arte total, han vuelto a engalanar las fiestas de la patrona titular Nuestra Señora de La Asunción cada 15 de agosto y las del patrono popular San Jerónimo cada 30 de septiembre. “El Güegüense —anotaron en un programa— regresó a Masaya y ha permanecido durante todo el año educando, compartiendo su parlamento original en las calles, en los atrios, en los encuentros danzarios y en los colegios”.

Por esta labor cultural identitaria, la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua decidió reconocer la creatividad y el entusiasmo colectivos de la  Mayordomía que promueve El Güegüense en Masaya. Labor que merece, sin duda, el apoyo de instituciones locales y nacionales. Otro sí: agradezco a la misma Mayordomía el nombramiento de padrino honorario de sus actividades. No en vano el suscrito ha acumulado, desde su Panorama de la literatura nicaragüense (1966), una constante, extensa y puntual bibliografía sobre El Güegüense. Tres ediciones de su versión de 1984 se publicaron en México (con un tiraje de veintiséis mil ejemplares), Estados Unidos y España. En Nicaragua, su edición en dos tomos (1985) reproduce el manuscrito de Walter Lehmann, rescatado y estudiado por él en Alemania (1981).

Su versión de 1999, adaptada escénicamente por César Paz, se estrenó el 26 de diciembre de ese año y fue comprendida y disfrutada a lo largo del año 2000 por unos cien mil espectadores, sobre todo estudiantes de secundaria. Ese mismo año las Ediciones Distribuidora Cultural publicó esta versión con una tiraje de cuatro mil quinientos ejemplares.

El suscrito, además, organizó el Coloquio Nacional sobre El Güegüense (enero, 1992) y ha preparado números monográficos sobre la obra en el Boletín Nicaragüense de Bibliografía y Documentación y en la revista Lengua. Participó también en el Coloquio Internacional “El discurso colonial: la construcción de una diferencia americana” en la Universidad de Montreal (noviembre, 1999), en el diplomado de la UAM (julio-agosto, 2006) y en el Coloquio-Debate del Instituto Nicaragüense de Cultura (mayo, 2008). Finalmente, se han editado todos sus aportes en El Güegüense o el gran embustero (Managua, INC, 2009 e INCH el mismo año). 

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