Augusto Zamora R.*
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El papa Francisco cesó de funciones sacras a un obispo español por mancebía, con dama que, además, servíale como secretaria, siendo conducta contraria al casto voto.

La decisión ha revivido el debatido y polémico tema del celibato sacerdotal, que está dejando al catolicismo sin clérigos, pese a que la feligresía sigue creciendo en el mundo.

Contrario a lo que se cree, el matrimonio de sacerdotes fue admitido por la Iglesia hasta, al menos, el siglo XIV, cuando era común ordenar a hombres casados. En el siglo XV, el 50% de clérigos tenía mujer e hijos. San Pedro fue casado y, como él, seis papas más.

A partir del siglo XX, la Iglesia admitió a sacerdotes anglicanos casados al convertirse estos al catolicismo. Tampoco el celibato es obligatorio en toda la Iglesia católica. Los católicos bizantinos uniatas pueden casarse, al igual que los católicos de rito oriental.

En 2009, el papa Benedicto XVI aprobó una prelatura personal para acoger a medio millón de anglicanos conservadores, ordenando como sacerdotes a clérigos casados.

Miles de obispos y sacerdotes piden un celibato opcional, unos por convicción, otros por necesidad, pues el celibato ahuyenta vocaciones y la escasez de curas es agónica.

Dicho sea de paso, en tierras americanas, desde la colonia (sobre todo durante la colonia) han abundado los curas amancebados, sin provocar cataclismos. 

Si Dios predica amor, ¿por qué prohibirlo a los sacerdotes? ¿Por qué unos sí, otros no? ¿Y la pederastia qué?

az.sinveniracuento@gmail.com

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