Cefas Asensio Flórez
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La dinámica social que han tenido los países centro-norte de Centroamérica durante ya muchas décadas, se ha visto afectada por las condiciones de inequidades y pobreza, generando fenómenos como el trabajo infantil, los muchachos y muchachas que ni estudian ni trabajan (llamados “ni ni”), una juventud con empleo precario; la delincuencia juvenil; los hechos de abusos y violencia; la drogadicción, el alcoholismo, la prostitución, el embarazo y la maternidad adolescente; y grandes segmentos multiculturales y multilingües con poca educación pertinente.

Estos y otros fenómenos evidencian la necesidad de educación. Pero, ¿de cuál tipo?
Países como el nuestro, Honduras, Guatemala y El Salvador que tenemos realidades semejantes; aunque Nicaragua tenga algunos indicadores de seguridad en mejores condiciones y muestre un crecimiento económico por encima del promedio regional, estamos llamados a impulsar simultáneamente coberturas con calidad y equidad educativa, a diferencia de países como Costa Rica y Panamá, los que, por sus características menos afectadas socialmente, han seguido la lógica de crecer primero en coberturas y luego profundizar una calidad pertinente a su desarrollo.

Cuando el Estado de la Región 2016 nos invita a no seguir haciendo más de lo mismo, sino a innovar respuestas, creo que estas marcadas diferencias sociales, nos indican también respuestas diferenciadas. Hay que realizar políticas de inversión más inteligentes, enfocadas en nudos críticos que atiendan a necesidades de cobertura, calidad y equidad en forma simultánea, y que capten, retengan y estimulen la formación en esos grupos excluidos y de aquellos que el sistema educativo expulsa año a año en forma de abandono, repetición y extra-edad.

En realidad, hay que considerar un Pacto Fiscal por la Educación, ya que las respuestas a muchos de estos problemas socio-educativos que explican el rezago, son complejas y requieren de una ejecución física y cualitativa eficiente. Algunas ideas para enfocar mejor las inversiones educativas son las siguientes:

Desarrollar modalidades creativas, con modalidades, currículo y pedagogías pertinentes a las áreas rezagadas: rurales, etnias, costeras, urbano-marginales.

Formar y entrenar en competencias docentes para desarrollar competencias para la vida en: lectura fluida y comprensiva desde el nivel básico hasta los más altos niveles; lógica matemática; resolución de problemas; investigación; innovación; pensamiento científico y crítico; emprendimientos; y competencias socio-emocionales, como capacidad de diálogo, tolerancia, liderazgos incluyentes, solidaridad, amor por la naturaleza, y autonomía, entre otros.

Garantizar condiciones básicas en las aulas para ejercitar estas competencias: textos, materiales y equipos didácticos, alusivos a realidades territoriales que fortalezcan la identidad.

Mejorar el sistema de evaluación académica, enfocándolo en aprendizajes para la vida en las materias.

Desarrollar redes de intercapacitación en los territorios, que permitan encontrar respuestas inmediatas a necesidades docente-metodológicas.

Impulsar diagnósticos comunitarios y territoriales para que los centros educativos adecúen el currículo nacional a sus realidades locales, y acompañar estas adecuaciones para que sean auténticas, motivacionales y formativas.

Fortalecer la Educación Intercultural Bilingüe, la cual tiene grandes lecciones de pertinencia y relevancia. Y el Subsistema Educativo Autonómico Regional (SEAR) como estrategia de descentralización.

Propiciar modalidades lúdicas, dinámicas y psicoafectivas para el aprendizaje de la lectura fluida y comprensiva, y el razonamiento matemático en los primeros grados, con una estrategia especial para el primer grado, donde ocurre el mayor desgrane de la matrícula nacional.

Impulsar una reforma educativa enfocada en temas relevantes para la vida. Evaluar el currículo con base en las tendencias del desarrollo humano sostenible internacional y nacional, y modificar los pesos de las materias concentrándolas en temas realmente necesarios y relevantes para la vida, con sus correspondientes ejercitaciones conscientes para su apropiación.

En este marco, se debe desarrollar la propuesta del presidente Ortega de introducir desde el preescolar, el inglés, la informática, el emprendimiento y los deportes, a fin de no crear un sobrepeso curricular, pecado capital de nuestros planes y programas de estudios.

Reforzar la educación secundaria con programas de ciencia, emprendimientos e innovaciones; y otros para el encuentro de vocaciones y selección bien informada de carreras técnicas y profesionales; revitalizar y dar espacios a la red de consejería escolar para acompañar los procesos socio y psicoafectivos de esta población. Asimismo, fortalecer la modalidad de bachilleratos técnicos acordes con las demandas.

Como parte de esta estrategia de focalización de las inversiones educativas, se ha de trabajar una estrategia de educación, capacitación y actualización técnica y profesional, en alianza con el sector privado, organizaciones especializadas en formación técnica, y universidades. Una estrategia dirigida a generar condiciones para empleos de calidad, y para impulsar emprendimientos e innovaciones.

Para impulsar todo lo anterior, son necesarias Alianzas Educativas para el Desarrollo Humano, con el liderazgo de las instituciones educativas, potencializando los aportes y construyendo consensos entre los actores y sectores ligados con la educación: instituciones educativas, organizaciones sociales, empresas y fundaciones privadas, gremios y asociaciones.

Lo anterior debería debatirse e incorporarse como lineamientos de un eje estratégico del Plan Nacional de Desarrollo Humano. Asimismo, generar una cultura del análisis de la información para la toma de decisiones del desarrollo, considerando los escenarios de un plan nacional de desarrollo educativo. Esto ya de por sí sería un aporte estratégico al proceso de integración con una visión del desarrollo regional.

 

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