Fredy Franco
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El 15 de septiembre de 1821, hace 195 años, se abrió el camino de la independencia en Centroamérica. Sin embargo, aunque en el Acta de Independencia se declaraba el inicio de esta, se hacía -y así se explicitaba en ella-, “para prevenir las consecuencias que serían temibles en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo”, porque habían sectores del pueblo que planteaban no solo la separación política de España, sino hacer realidad aquellos principios levantados en la Revolución Francesa y en la Declaración de Independencia de Estados Unidos, de libertad, igualdad y fraternidad.

Lograda la independencia absoluta el 1 de julio de 1823, se crearon las Provincias Unidas de Centroamérica y luego, a partir de 1824, la República Federal de Centroamérica, a la que Nicaragua perteneció hasta 1838, que nace como Estado Libre, Soberano e Independiente, y luego, a mediados del siglo XIX, como República de Nicaragua.

Precisamente fue a mediados del siglo XIX, cuando la soberanía de Nicaragua paso su primera gran prueba de fuego con la intervención filibustera de William Walker, quien se autoproclamó presidente de Nicaragua y pretendía imponer estados esclavistas en Centroamérica. Fue la unidad de los sectores políticos de Nicaragua (Legitimistas y Democráticos), que permitió enfrentar juntos el intervencionismo filibustero, en la que fue decisiva la Batalla de San Jacinto, el 14 de septiembre de 1856, de la que conmemoramos hoy 160 años de esa victoria.

Derrotado el peligro intervencionista en abril de 1857, se abrió en Nicaragua un largo periodo de relativa paz hasta 1893, en que triunfó -por la armas- la llamada Revolución Liberal, que junto a las transformaciones de los llamados “30 años de gobiernos conservadores” sentaron las bases del Estado moderno en lo jurídico e institucional y en una nueva economía sustentada en el café, con una moderna infraestructura; avances modernizadores que fueron excluyente en lo social, de los indigenas, campesinos y trabajadores.

Sin embargo, la ruta de construcción nacional alcanzada de 1858 a 1909, sufrió un profundo retroceso con la intervención yanqui a partir de 1910, que se impuso de manera directa, con sus Marines hasta 1933 y luego con la Dictadura Somocista de 1934 a 1979, creándose una nación muy dependiente y una sociedad excluyente en lo político y social.

Por eso, la Revolución Popular Sandinista  de 1979, tuvo un carácter de liberación nacional y social, porque recuperó la soberanía e independencia nacional conculcada y reivindicó a los sectores populares históricamente marginados, forjando una conciencia nacional de defensa de la soberanía y la cultura nacional. Sin embargo, vino de nuevo la guerra del imperio yanqui, los cuales en contubernio con los sectores políticos antinacionales, no permitieron un mayor avance popular y nacional; luego los gobiernos neoliberales de 1990 al año 2006, implicaron un gran retroceso, y por tanto, hicieron más dependiente y más frágil la soberanía nacional.

El periodo histórico en que nos encontramos (2007-2016), de continuidad de la revolución sandinista, ha sido de restitución de los derechos sociales y nacionales; el país se encuentra en un gran proceso de construcción y consenso nacional que le ha permitido avanzar en todos los órdenes de la vida, que ha permitido consolidar la paz, tener presencia soberana en el mundo y proyectar un futuro de progreso sostenido e incluyente.

Hoy  podemos decir que sí conmemoramos con orgullo las Fiestas Patrias, porque hay mucho compromiso y práctica nacional para construir una Patria Justa y Solidaria, compromiso que debe ser permanente para consolidarla.

* Cientista Social e Historiador.
Profesor Titular UNAN - Managua.

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