Augusto Zamora R.*
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Estos días de septiembre celebran en Centroamérica las llamadas fiestas patrias. En Nicaragua, la Batalla de San Jacinto, fiesta que sí es de rigor y memoria conmemorar.

Ocurre lo contrario con el 15 de septiembre, firma de la independencia de España, que abrió la olla de los horrores y sumió a la región en el peor periodo de su historia.

San Jacinto fue hecho heroico. Milicianos y campesinos mal armados, peor entrenados, enfrentaron y vencieron a una tropa yanqui veterana, mejor armada. Salvaron un país.

El 15 tiene escasa gloria. Ocupada España combatiendo las rebeliones en Nueva España, Nueva Granada y la Plata, olvidó la Capitanía General de Guatemala, que siguió fiel a la corona (hecho omitido deliberadamente por la historiografía oficial).

Un hecho histórico ilustra esa fidelidad. Abanderaron Buenos Aires y Chile tres naves para que hicieran el corso en Centroamérica y agitaran el espíritu independentista.

En 1820, las naves, al mando del aventurero francés Luis Aury, intentaron ocupar el fuerte de Omoa, en la actual Honduras. Fueron rechazados, retirándose a San Andrés.

Dato singular, la bandera de las repúblicas del Plata era azul-celeste y blanco, colores que José de San Martín había tomado de los colores de la monarquía Borbón.

San Martín era realista. Quería que un príncipe Borbón reinara en las provincias españolas. No pudo, pero quedó la bandera, hoy de la República Argentina.

Una de esas banderas quedó en Omoa… Ahora, más teñidas, son las nuestras.

az.sinveniracuento@gmail.com

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