Erwin Castillo Ortega
  •   Managua, Nicaragua  |
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He observado con preocupación los titulares de algunos medios de comunicación que informan acerca de la iniciativa de ley que se tramita en el Congreso de los Estados Unidos que busca sancionar a Nicaragua e irónicamente la noticia coincide con las fiestas patrias.

Esta noticia trajo a mi memoria las romerías que algunos políticos nicaragüenses hicieron a Estados Unidos hace algunos meses. Aún recuerdo la felicidad que reflejaban sus rostros al ser recibidos durante algunos minutos por unos cuantos miembros de la Cámara de Representantes de aquel país. Este éxtasis que les producen estos encuentros fugaces, solo demuestra que después de tantos años de independencia, en nuestro país aún hay personas que creen que continuamos siendo una provincia poblada de seres incapaces de resolver sus problemas y guiar sus destinos. Qué tristeza.

Estas personas, que en última instancia son los instigadores y causantes de esta iniciativa de ley, pretenden subsanar su incapacidad de ejercer una oposición efectiva, haciendo lloriqueos y rabietas en los pasillos del Congreso de Estados Unidos. Lo que este grupo de apátridas parece no entender es que estas medidas no respetarán colores políticos, nos afectarían a todos por igual, al sandinista, al no sandinista, al empresario, al trabajador, pero sobre todo impactarán en los sectores más vulnerables de la población que son quienes más se benefician de los proyectos de desarrollo que se impulsan con préstamos otorgados por los organismos financieros internacionales. No son ligerezas o trivialidades de las que podemos prescindir, hablamos de escuelas, carreteras y hospitales. Es por demás antipatriótico e inmoral jugar con temas tan sensibles.

Solía decir un filósofo griego que “es propio de las almas virtuosas el amor por su familia, por su comunidad y sobre todo por su patria” dejando claro que almas virtuosas, no son solo  aquellas que siguen los principios que se corresponden con la virtud, sino también aquellas que gozan de mayor nivel intelectual. Después de analizar el actuar de estos “romeros”,  me ha quedado más que claro que su actuar no se corresponde con el de un alma virtuosa, pues no puede ser virtuoso quien es capaz de anteponer su orgullo e intereses personales por sobre los de la colectividad.

Es cierto que hay muchos temas en los que debemos mejorar como país, uno de ellos es el de institucionalidad democrática; pero también es cierto que debemos aprender de una vez por todas a resolver nuestros propios problemas en lugar de abrir la puerta a intervenciones extranjeras que lejos de abonar, nos pondrán en una situación mucho más complicada.

El autor es abogado y miembro de la Junta Directiva de El Nuevo Diario.

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