Orlando López-Selva
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Francia también se prepara para elecciones políticas. Y está en discusión, a nivel nacional y pan-
europeo, si se abrirán o no las puertas a más inmigrantes, y qué políticas debería adoptar Paris.

Y uno de los candidatos del partido gaullista, Alain Juppé, ha sacado a relucir una nueva idea --la de la felicidad; para que todos asuman que esa sí es la máxima política que realmente importa. El público francés parece entusiasmado. Además que se ha convertido en un atractivo y hermoso eslogan de campaña.

Hay antecedentes oscuros en el país galo. Han muerto 180  franceses en atentados terroristas en los últimos 18 meses; se están imponiendo nuevas controversias ligadas a las costumbres religiosas de los que recién arriban, reñidas a principios y libertades, a las que están acostumbrados los franceses (el caso del uso del burkini por mujeres musulmanas es uno de estos, en las playas del sur de esa nación); han aumentado los fanáticos radicales; y casi la cuarta parte de la población de Francia es de origen extranjero.

Por otro lado, la lideresa del partido radical, Frente Nacional, Marie Le-Penn, aboga por una legislación que prohíba la entrada de más inmigrantes a Francia.

En Australia, un líder parlamentario propuso el cierre de las puertas a los inmigrantes.

¿Se están cansando los países desarrollados de recibir a miles de refugiados que luego se convierten --algunos de ellos-- en una onerosa carga social y un problema político insostenible?

¿Habrá países que comiencen a decir: “¡ya no más!”, para frenar el flujo de migrantes que ahora llegan a diario, por cientos, a las costas del mar Mediterráneo?

El candidato francés Juppé habla de que hay que invitar a los inmigrantes a mantener sus costumbres para que todos puedan vivir con sus propias diferencias en una sociedad como la gala.

Pero no todos piensan así. El otro líder gaullista (y expresidente de Francia), Nicolás Zarkosi es antinmigración: cree que los que lleguen deben adaptarse a la cultura y tradición francesas.

El filósofo francés del siglo pasado Jacques Maritain, había dicho que “la unidad en la diversidad era la clave de la multiculturalidad”.

Pero ello no está teniendo éxito totalmente. En Holanda, Austria, Alemania y Noruega, los refugiados están causando algunos problemas graves. La lideresa del socialcristianismo alemán, incluso, ha visto perder las elecciones en su región natal; su partido ha quedado en tercer lugar.

(¿Pasada de factura por la posición proinmigración de la señora Merkel, con respeto a la entrada masiva de refugiados a Alemania?).

El punto es que quien quiera llegar a cualquier país europeo, debe europeizarse: aprender la lengua, la cultura, y respetar las  normas y tradiciones del país que le acoge.

¿Un reto de vida, a cambio de seguridad, democracia y libertad?

Pero quien abre sus puertas tiene derecho a establecer sus reglas. La caridad no debe implicar caos o irrespeto. De otra manera, el mal agradecimiento hacia el que recibe, daña. Y el problema ha alcanzado un riesgo global preocupante.

En el corto o mediano plazos, podría ocurrir que: 1) los refugiados anden errantes, sin que nadie los reciba, porque los que puedan acogerlos habrán endurecido sus medidas migratorias; 2) los organismos multilaterales internacionales y los no-gubernamentales podrían quebrar porque sus presupuestos se agotarían; 3) habrá mayor suspicacia de los países desarrollados hacia los menos, porque estos últimos no podrán recibir ayuda humanitaria, condicionados a que cuando haya conflictos, no produzcan refugiados.

¿La agenda global se irá haciendo más riesgosa y crítica, debido a nuevos conflictos que producirán mayores fricciones y amenazas a la seguridad internacional?

En todo caso, lo que suceda próximamente en las elecciones francesas, mostrará nuevos ángulos y perspectivas: lo que nos espera, lo que deberíamos hacer y lo que no deberíamos hacer.

Si Francia aspira a que todos sus ciudadanos sean felices, es un derecho pleno. Pero si los que llegan buscando, también, felicidad para sí…y no la consiguen, no tienen por qué convertirse en los temas insolubles de las agendas nacionales y globales.

También sería inhumano no ayudarle al prójimo que anda errante, llega de lejos: sin culpa, desprotegido, desposeído, entristecido y esperanzado.

Las conductas de los que acogen, como la de los que piden refugio, deberían complementarse.

De otra manera, la migración global de refugiados, aumentará dramáticamente. Y con ello, los riesgos y peligros que correrá la humanidad, por no integrarse a las culturas ajenas; o por no ser asimilados, tampoco, por sociedades diferentes.

¿Vienen mayores cismas internacionales, por los refugiados, en este siglo XXI?

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus