Adolfo Miranda Sáenz
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Las cosas que el Papa Francisco nos dice son impactantes, sin embargo no ha dicho nada que no hubiese dicho antes Jesús. Nos impacta porque el cristianismo había olvidado lo fundamental de las enseñanzas de Jesucristo por llenarse de tantos preceptos, prohibiciones y legalismos alejados de la sencillez de la doctrina de Jesús, que es amor y misericordia. El Papa nos ha recordado que para obtener la vida eterna basta amar al prójimo. No es imprescindible creer ni practicar una religión. “Dios no es católico, Dios es Dios”, enfatizó. Los no creyentes sinceros que aman al prójimo obtienen la salvación. Jesús lo enseñó: Seremos juzgados según amemos y sirvamos a los hambrientos, sedientos, sin ropa, enfermos o encarcelados, especialmente a los más pobres y necesitados. San Agustín lo comprendió y dijo: “Ama y haz lo que quieras”. Quien ama hará el bien, no deseará el mal para nadie. San Pablo afirmó que Dios escribió su ley en los corazones y seremos juzgados según la conciencia. Quien ama está con Dios, que es amor, aunque –de buena fe- no crea.

La Iglesia ilumina y santifica al mundo proclamando el Evangelio, administra los sacramentos, guía y orienta. Es sitio de encuentro donde los creyentes crecen en Jesucristo para servir a los demás.  Tiene tesoros preciosos como la Biblia y la Eucaristía. Pero Jesucristo nos enseñó que el sábado fue hecho para el hombre y no el hombre para el sábado. La Iglesia está para facilitar el encuentro con Dios, no para dificultarlo, ni para juzgar, excluir o condenar. El Papa afirma que la Iglesia no debe actuar como “aduana” sino como lugar de curación y misericordia. Un ejemplo lo ha dado con los divorciados vueltos a casar, antes impedidos todos ellos de recibir la comunión por “estar en pecado mortal”. El Papa confirmó la indisolubilidad del matrimonio sacramental, y que una nueva unión es una “situación de pecado”, pero destaca que la Iglesia había olvidado su propia doctrina sobre la culpa que puede tener cada persona en una situación de pecado, pues hay factores que pueden disminuirla e incluso anularla, en cuyo caso la persona no estaría en pecado mortal.

Ha señalado el Papa el daño que causa la burocratización de la Iglesia desde la Curia Romana hasta las parroquias; la estructura verticalista y el clericalismo que “no debe existir en el cristianismo”, las “cortes” que rodean a los papas, obispos y párrocos “como lepra”, y el narcisismo de algunos pastores. El papa Francisco lo dice recordando cómo el Señor humildemente lavó los pies a sus discípulos, no solo para que lo repitamos como un rito de Semana Santa sino para que sea el estilo de vida en la Iglesia. Nos recuerda que Jesucristo proclama justicia para los pobres y libertad para los oprimidos; lamenta “la dictadura del dinero” y “el capitalismo salvaje” que han creado estructuras de opresión. Expresa que la pobreza crece por  ideologías que defienden la libertad absoluta del mercado y la especulación financiera, negando el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Actúa como Cristo, anteponiendo a las diferencias ideológicas y a los sentimientos de odio, la paz, el perdón, la reconciliación y las necesidades de quienes sufren; por eso fue mediador entre los gobiernos de Cuba y EE.UU.

Cuando Jesús hizo y dijo lo mismo, en el contexto de aquella época, los fariseos rasgaron sus vestiduras, lo acusaron de comer con los publicanos y los pecadores, de enseñar blasfemias… y lo crucificaron. Los fariseos de hoy, dentro y fuera de la Iglesia, critican al papa Francisco como comunista y hereje. Son igualmente sepulcros blanqueados, lobos vestidos con piel de oveja, que hoy crucificarían nuevamente a Jesucristo.


Abogado, periodista y escritor
www.adolfomirandasaenz.blogspot.com

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