Jorge Guerra
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En las redes sociales se debate una crítica polémica acerca del papel de la juventud en la sociedad actual nicaragüense. Su tesis fundamental consiste en que los jóvenes no poseen un compromiso político claro acerca de la problemática en el ámbito público: pobreza, desempleo, desigualdad social, entre otras problemáticas sociales. Dentro del análisis, se hacen comparaciones con las generaciones de los setenta, ochenta y noventa, que lucharon por la libertad,  la justicia social y la democracia. 

Para hacerle una crítica a estas ideas hay que estudiar las fuentes donde se metabolizan. El Centro  de Investigaciones de la Comunicación  (CINCO) realizó tres estudios interesantes de Cultura Política juvenil (Jóvenes y Cultura Política en Nicaragua). El primer de ellos salió a luz en el 2001 el segundo durante 2011 y recientemente en 2016 “Masculinidad hegemónica en los jóvenes posrevolución”. Estas investigaciones se han centrado en varios aspectos sociales: la autoimagen de los jóvenes, aspiraciones y objetivos existenciales, procesos de socialización, ideologías políticas, relaciones de género, entre otros factores. Si se parte de estos estudios, el debate  acerca del papel de la juventud en las redes sociales cobra sentido.

Como joven, tal discusión es sumamente interesante, pero en dichos espacios se han esgrimido aseveraciones cuestionables, en primer lugar, se destacan tales trabajos como "estudios científicos", plenamente sustentados con encuestas. ¿Científicos? Es una pregunta que queda flotando. Los estudios de "Cinco" sobre la juventud, a pesar de su esfuerzo empírico, carecen de una triangulación metodológica entre la información documental, el marco teórico y una interpretación situada. Creer que las encuestas hacen científico a un estudio como muchos piensan es simplificar los procesos de investigación. 

Por otro lado, el  contenido conceptual de los trabajos arriba indicados, constituye  un esfuerzo eurocéntrico y mecánico del estudio de  nuestra realidad social. El enfoque de estos trabajos categoriza a los jóvenes actuales de parroquiales, subordinados y sin criterios. En este marco, muchos consideran a la juventud como “adormecida, inmóviles y jugados de Ceguas”. Pero ¿en qué consiste el desplazamiento psicosocial de dichas ideas? Consiste en calificar exclusivamente como participación política acciones colectivas que van dirigidas contra el gobierno actual. Por supuesto que  tal discurso invisibiliza y niega la diversidad, por ejemplo lo que hace la juventud sandinista a través de actividades culturales, sociales y artísticas en el ámbito público. Ni siquiera se alude al movimiento de trabajadores por cuenta propia al que muchos jóvenes pertenecen. Mucho menos se menciona al Frente Nacional de los Trabajadores del decenio de los noventa.

Da la impresión que en el núcleo de estas ideas subyace una línea elitista y nostálgica de pensamiento social. A los sujetos que se interpelan -los jóvenes-  se les acusa de no tener conciencia de la realidad política y social- Se les interroga ¿Por qué no se lanzan a las calles a luchar por los derechos humanos? La receta implícita a esta interrogante sugiere: Luchar contra las políticas del  gobierno actual para crear participación política, de lo contrario esta no existe. Por tanto, la juventud solo se constituye como un sujeto a partir de  su relación antagónica con un otro político, negándose con ello la pluralidad múltiple de necesidades, objetivos, de la acción colectiva en el ámbito público. Por ejemplo  si somos practicantes religiosos y participamos con  una iglesia en el ámbito público, no se categoriza como participación política dado que somos jovialmente calificados de conservadores. Como consecuencia en el seno de estas ideas en que exhorta con tanta vehemencia a los jóvenes que luchen por la democracia, existe una aspiración silenciosa al retorno de un modelo de república como la libero-conservador del pasado de las élites criollas. 

A partir del anterior, se puede decir que a la juventud se le invita a la fiesta de  un mito histórico sublimado del pasado, ¿República bananera? ¿Revolución sandinista? ¿Consenso de Washington?  De tal neurosis social se desprende tres puntos importantes: 1) A los jóvenes se les piensa a partir de un diagnóstico errado de la realidad, 2) Existe un discurso que  pretende  negar las identidades de las juventudes mediante la lógica de la acción por la acción 3) Una  visión  preñada de una memoria valiosa, pero carente de una adecuada metodología historiográfica- sociológica que aborde dicha cuestión de una forma situada y diversa de las circunstancias presentes.

Por tanto, en el estado actual de cómo se piensa a los jóvenes nicaragüense, las visiones inductivas de la realidad social niegan nuestra constitución como sujetos sociales en el ámbito público, síntoma de la incomprensión  de la época actual y de las nuevas generaciones en la historia reciente de Nicaragua.

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