Jorge Isaac Bautista Lara
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Tal parece que inteligencia, conocimiento y cordura no van de la mano en esta modernidad. El derramar sangre, repartir golpes, tiros y ensartar puñales se han convertido en normalidad en los últimos años. Como cuerda que se enrolla hacia un centro en una rotación cada vez a mayor velocidad con el transcurso del tiempo, en la medida que se acerca sin frenos hacia un centro de una peor desgracia, centro que escapa a nuestra misma imaginación si partimos de lo que hoy vemos. Las muestras permanentes de sangre es la invitación constante en tv y en el cable; en juegos y juguetes. Y luego ocurre lo ilógico, y es que nos asustan las estadísticas de sangre en cualquier campo imaginado e inimaginado hasta que salta a la realidad. Momentos en los que la creatividad en los medios es perniciosamente famélica. Donde no existe oportunidad a propuestas nuevas saludables en programaciones, para no correr el riesgo ante lo que es seguro en audiencia: matar. Y se dice perniciosa porque daña nuestro propio destino.

El rojo de sangre en la noticia es noticia, y se vende por sí sola; ofreciendo hasta el hogar la copa de vino de violencia en la misma mesa. De ese fruto están dando de comer y beber a nuestros propios hijos. A esos niveles nuestra ignorancia se ha vuelto ofensiva y destructiva; es un rojo que no enaltece ninguna imagen. Hoy las películas son realidad, y las realidades se han transformado en las películas. En un tiempo donde la gracia de la esperanza abandona nuestras cabezas, dejando nuestros pensamiento huérfanos de ella.

El combate al narcotráfico en México y en el mundo tiene por arista visible el aumento en miles de muerto; el actuar del Estado Islámico se ve en muertos. El “salvar” al mundo del Estado Islámico ya puede medirse en otros miles de muertos por las dos Coaliciones en Siria (Cristo hecho geografía); el combate a las pandillas en el triángulo del norte (Guatemala, El Salvador y Honduras) es respuesta militar de actuaciones conjuntas que dejará centenares de muertos. La forma de ver la política y resolver conflictos en Estados Unidos lo ven solo matando a los que se piensa, cree y convence originan el problema. Y para tapar tanta violencia real, se ofrece a jóvenes e infancia, el distraerse en juegos para matar seres virtuales.

Es decir, llevarlos de la realidad de muertes a las matanzas virtuales. Para seguir matando sin peso de conciencia. ¿Dónde está nuestra capacidad de juicio? ¿En qué momento le hemos extraviado? Si es que en algún momento lo hemos tenido en la historia. Cuando estamos llevando una prosperidad de locos. El filo de las espadas ha retornado; los entierros individuales nos parecen tiempo pasado, y verdaderamente lo son. Ahora son muertes colectivas. El cuchillo y puñal (armas blancas) han regresado para retomar y asumir su papel desde y dentro de la historia nuevamente. Nos parecían que se habían extinguido, al asumir el papel arma más impersonal y distante: las armas de fuego. Hoy las muertes se ejecutan nuevamente en el contacto personal del puñal. Son cada vez más tenebrosos nuestros pasos, sentimientos y nuestros juicios. Temo a la razón, porque temo estar enterado que la estamos perdiendo, y se tiene la gran sospecha que incluso ya la perdimos.

En un momento en que la misericordia y la verdad son más distantes. Donde un gesto de fraternidad es visto con dudas “razonables”, con dobles intenciones. Y donde el Hombre es considerado depredador nato. En algún lugar hemos olvidado, peor aún perdido, la ley que nos permitía convivir y vivir. Huimos en hacer el bien, en momentos en que se encuentra en nuestras manos ejecutarlo. Extraviamos  el sentido de justicia. Y así con las mismas armas que se están cometiendo los crímenes de lesa humanidad; quienes hacen “justicia” las utilizan para cometer genocidio e inequidades de inocentes y pueblos enteros. La verdad es que en el hoy es difícil distinguir quién es más delincuente; el que comete las matanzas o el que en nombre de la justicia ejecuta otra matanza; y la vida se hace muerte.

Los hechos son convincentes en mostrarse y decirnos que no existe en esto la figura de la justicia. Todas las matanzas; la sangre que tiñe las aguas de nuestras conciencias (los cuerpos de tantos muertos) son crímenes. Sangre en los campos de batalle, sangre en las calles. Comencemos en casa cambiando el canal en la hora que derraman sangre los programas. No perdamos la esperanza de vivir un día en una moda basada y sustentada en la vida y en la paz. Entonces decir, ¡que bendición!

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